Activistas del grupo antimillonarios Everyone Hates Elon lograron exhibir durante unos minutos en el célebre museo parisino la imagen viral del exintegrante de la realeza británica abatido en el asiento trasero de un vehículo tras su detención.
Miembros del colectivo británico Everyone Hates Elon colgaron el domingo en una pared del Museo del Louvre de París una fotografía del expríncipe Andrés Mountbatten-Windsor captada momentos después de abandonar una comisaría, tras su arresto el pasado jueves.
La imagen, tomada por un fotógrafo de Reuters, muestra al hermano menor del rey Carlos III visiblemente abatido en el asiento posterior de un vehículo policial. Debajo de la foto enmarcada, los activistas pegaron un cartel con la frase en inglés “He’s Sweating Now - 2026” (“Ahora suda - 2026”), en clara alusión a la presión que enfrenta el exintegrante de la realeza británica.
La acción duró apenas unos minutos, pues personal del museo retiró rápidamente la pieza improvisada, aunque no antes de que los activistas registraran el momento en video y lo difundieran en sus redes sociales, donde acumuló millones de visualizaciones.
Everyone Hates Elon, conocido por sus campañas contra multimillonarios y figuras de poder, justificó la intervención como una forma de ridiculizar a “hombres obscenamente ricos y poderosos que creen que pueden actuar impunemente”.
El grupo vinculó el gesto al reciente arresto de Andrés, detenido durante casi doce horas en su residencia por sospechas de mala conducta en cargo público.
La detención se relaciona con presuntas filtraciones de documentos confidenciales del Gobierno británico enviados por Andrés al financiero y delincuente sexual convicto Jeffrey Epstein entre 2001 y 2011, periodo en que el entonces príncipe fungía como enviado especial para el comercio internacional del Reino Unido.
Tras el interrogatorio, Andrés fue puesto en libertad bajo investigación, mientras las autoridades continúan examinando evidencias, incluidos correos electrónicos y archivos vinculados al caso Epstein.
La provocación en el Louvre aviva el debate sobre la rendición de cuentas de figuras privilegiadas y ha convertido la fotografía en un símbolo de escarnio público.