Foto: RPP

Han pasado cuarenta años desde que cinco chicos de Boston se juntaron para hacer algo más que pasar el rato. Bajo el rótulo de Aerosmith, Steven Tyler y compañía fueron confundidos entre esa suerte de movimiento de los ochentas llamado "glam metal", donde la música valía tanto como el maquillaje. Sin embargo, ellos siempre fueron harina de otro costal, tal como lo demostraron anoche en el concierto ofrecido en Lima, donde dejaron a las más de 30 mil almas que asistieron al Estadio Monumental en una euforia nunca antes vista.

9:30 de la noche. Los Amén habían cumplido su jornada hace una hora, y el público esperaba por Aerosmith. Un telón con el mítico logo alado saludaba el recinto; en tres minutos cayó, y por fin los de Boston alumbraron el Monumental.

Steven Tyler convertido en un animal lascivo y enfundando en un traje andrógino, atacó primero con "Eat to Rich" para repasar la primera etapa del grupo. Una canción más ("Love in elevador") y Tyler se animó a practicar su castellano con un efusivo "Buenas noches mi gente de Perú!" para luego continuar con la envolvente "Pink", colmado de luces rosas mientras ensayaba sus movimientos lúbricos.

Para cuando las cosas no podían ser mejores, Tyler entonó "Dream on", "Living on the Edge" y "Jaded", fulminando con sus frases masticadas en español "¿Cómo están mis chicas?" y "Aerosmith es comida para sus cuerpos". El monumental gritó emocionado cuando sorpresivamente, el frontman (y también showman), al finalizar el estribillo de "Cryin", se probó un chullo que fue lanzado desde el público, remeciendo aún más el estadio.

Ya con los asistentes metidos al bolsillo, los de Boston dieron rienda suelta a su lado soul y blues, haciendo una alto para que el líder se tomara una botella de chicha morada mientras decía: "My girlfriend give me this. You see that, rica chicha". Minutos más tarde, el receso llegó con un solo de guitarra del fantástico Joe Perry.

Tres fallos después, la bandera peruana por fin cayó en manos de Tyler, y ya era hora de "Crazy", la canción más esperada de la noche, que además hizo recordar los no tan lejanos noventa y a las lolitas por excelencia Alicia Silverstone y Liv Tyler.

Luego de dos horas de explosivos riffs de guitarra, un solo de batería sin baquetas a cargo del excepcional Joey Kramery, y una serie de instrumentos sacados de la versatilidad de Steven (una armónica, varias maracas), Aerosmith se despedía con "Walk this way" y llenando al Monumental con un gran "Gracias Lima".

La despedida fue muy dura, ya que varios extrañaron canciones como "Amazing" y  "I Don"t Wanna Miss A Thing", canciones que sí formaron parte del set list en otros países.

Aerosmith cumplió con un público que lo esperaba hace más de cuatro décadas, con una performance que figura como la mayor de sus virtudes. Solo nos queda esperar que regresen para volver a verlos. Y esa noche se comerán el mundo.

Eduardo Alcántara Castro