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Lleva más de 25 años tocando la batería en grupos tan afamados como Black Sabbath, Alice Cooper, Brian May, Gilby Clarke o Avantasia, pero Eric Singer lo tiene claro: "Ninguna otra banda de rock and roll es capaz de ofrecer un espectáculo como el de Kiss".

Los tres conciertos que Kiss, el mítico cuarteto de los disfraces y las caras pintadas, tiene programados en España en junio -el día 22 en Madrid, el 24 en Barcelona y el 25 en Vitoria- prometen ser un auténtico desmadre: "Traemos el show más grande del mundo", asegura Singer en una entrevista telefónica con Efe.

Su gira europea para presentar su último álbum, "Sonic Boom", el primero que graba la banda en once años, arrancó ya el 1 de mayo en Sheffield (Reino Unido), donde Kiss desplegó su nuevo espectáculo circense-musical, con una puesta en escena apabullante, como suele ser habitual en esta banda nacida en 1973 y con una discografía interminable.

Pirotecnia, pantallas gigantes, juegos de luces, trucos de magia que, por ejemplo, hacen que el bajista "con la lengua más larga del planeta", Gene Simmons, salga literalmente volando por encima del escenario y muchas "sorpresas" más que Singer se niega a desvelar convierten la velada en mucho más que una sesión musical.

Son algo más de dos horas de concierto, con cerca de una veintena de canciones, buena parte de ellas los hits más clásicos de su extensísimo repertorio, explica el batería de los Kiss.

"Hay muchas otras buenas bandas musicales capaces de ofrecer buenos conciertos, pero ninguna es capaz de igualar el espectáculo que ofrece Kiss. Y éste es posiblemente el mayor espectáculo que jamás ha organizado Kiss en su larga trayectoria", asevera Singer.

El veterano batería de los Kiss es consciente de que "hoy en día es muy caro comprar una entrada para un concierto", por encima de los 40 euros (unos 51 dólares): "La gente se gasta mucho dinero para venir a vernos, por eso se merecen lo mejor. Tenemos una gran responsabilidad, no les podemos defraudar".

Desde que empezó a baquetear para Lita Ford en 1984, Eric Singer (Cleveland, 1958) ha ido picoteando de banda en banda, compartiendo escenario con grandes estrellas del rock and roll, pero observando con perspectiva su trayectoria no tiene ninguna duda de que "los mejores fans, los más leales, los tiene Kiss".

La "Kiss Army", el Ejército de Kiss, compuesto por millones de devotos seguidores, "es increíble", porque "allá donde vas se vuelcan de una manera impresionante", destaca emocionado Singer.

Singer entró a formar parte de la banda en 1991 y siguió colaborando con ella de manera intermitente durante más de una década, hasta asentarse parece que definitivamente en los últimos siete años como miembro fijo.

Singer, que ha heredado la mascarilla de "gato" que lucía el batería fundador de la banda, Peter Criss, comparte escenario con otros tres "enmascarados": el "demonio" bajista Gene Simmons, el "chico estrella" vocalista y guitarrista Paul Stanley y el "hombre del espacio" Tommy Thayer, que sustituye en la guitarra al gran Ace Frehley.

"Hay muy buena atmósfera dentro del grupo y eso nos ayuda a ser productivos, a hacer buena música, a ofrecer buenos conciertos. El secreto está en la buena química que tenemos los cuatro miembros de la banda. A los fans les gusta lo que hacemos porque, en realidad, nosotros somos los primeros en pasarlo bien", señala.

Aunque admite que las nueve semanas de gira por Europa que le esperan serán sin duda agotadoras, Singer tiene ganas de venir a tocar otra vez a España, especialmente a Barcelona, de la que guarda muy buenos recuerdos de sus múltiples visitas con otras bandas: "¿Cómo se llama ese céntrico bulevar, donde la gente come tapas y hay tiendas de animalitos? ¡Ah, sí! ¡Las Ramblas! Me encantan...".

No es el único símbolo de Barcelona que le chifla a Singer: "¿Pau Gasol? ¡Es genial! Este año vamos a volver a ganar el campeonato".

Además de un empedernido coleccionista de relojes, Singer es un enamorado de la NBA y un hincha incondicional de los Lakers, donde juega el ex barcelonista Pau Gasol, a los que no abandona ni cuando está de gira por otro continente, incluso si es a costa de sus horas de sueño.

"Por la noche me miro los partidos por Internet. El otro día me quedé hasta las seis de la madrugada viendo a mis Lakers", confiesa este oriundo de Cleveland afincado en Los Ángeles desde hace cerca de un cuarto de siglo, que sueña con una final contra los Cavaliers de su ciudad natal, en la que Kobe Bryant meta la canasta ganadora para los Lakers en el último segundo del último parido de la serie.

-EFE