El segundo concierto de Jonas Brothers en Lima, que inicialmente iba a ser el primero de no haberse suspendido su presentación en México, superó, y con creces,  la presentación del día anterior.

Puede ser porque había 33 mil asistentes entre niños, adolescentes y sus padres, casi cuatro mil más que en la cita anterior. O quizá porque Nick, Joe y Kevin han aprendido a querer al Perú en menos de tres días y deben partir en las próximas horas a Chile. Y tendrán que hacerlo prácticamente sin despedirse pese al manifiesto afecto hacia sus fans peruanas. Hubo lágrimas y sentimientos encontrados de ambos lados: felicidad por verlos y oírlos, y tristeza por el adiós ya que inevitablemente deben seguir su World Tour 2009.

Demi Lovato inició el concierto tal como se programó. Cantó "Get back" y varios de los temas que los hermanos Jonas escribieron para su álbum debut. Y si ayer se notó su sinceridad sobre lo que sentía por sus fans peruanas, esta noche dio a entender que aprenderá español para comunicarse mejor en su prometido regreso "lo más pronto que pueda".

Y a la hora señalada Jonas Brothers aparecieron en el escenario entonando la canción "Burning up". Alguien tendría que haber medido la energía desatada por las más de 30 mil fans que gritaron y saltaron al unísono tan pronto los divisaron en las gigantescas pantallas LED. El Coloso José Díaz se remeció hasta sus cimientos en un terremoto de felicidad y alegría.

El espectacular sistema de luces y el extraordinario sonido logró que todos los asistentes, incluidos los que estaban en la parte más alejada, disfrutaran del show que, como dijo un asistente, "es algo del primer mundo".

Todo el mundo cantó hasta enronquecer. Hasta los padres cantaban y entre canción y canción todo el mundo se abrazaba. "Jonas Brothers son unos ángeles", gritaba una joven señora. Otra señora, abuela para mayor descripción y que asistió con su nieta a la que trajo desde Moyobamba para asistir al concierto, era de la misma idea. Y ni hablar de las entusiastas que llegaron de Ecuador y Colombia.

Fue un concierto familiar, un evento muy especial en el que los asistentes mantuvieron el orden aunque unas 800 personas se encargaron de velar por la seguridad de todos, por si acaso, sobre todo al momento de la despedida.