Columnista invitado | ¿Podemos ser productivos en esta cuarentena?

En estas circunstancias tan apremiantes del aislamiento social obligatorio se nos pide ser productivos. ¿Es esto posible? ¿Qué sucede con las personas que están abrumadas por emociones negativas? ¿Ellas pueden aprender nuevos idiomas y habilidades? ¿O es mejor que retomen el equilibrio emocional antes de emprender un nuevo esfuerzo?

Redacción

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Por Sebastián Velásquez

Psicólogo clínico, escritor de psicología y neurociencia, y editor

Desde que inició el aislamiento social obligatorio, las personas hemos buscado maneras y mecanismos para continuar con nuestra vida habitual. Interrumpir nuestra cotidianidad podría ser contraproducente, tanto física como emocionalmente. Hasta aquí, estamos todos de acuerdo. Sin embargo, muchas cuentas en redes sociales han difundido la siguiente consigna: «Si no sales de la cuarentena con un libro leído, conocimientos adquiridos y negocios emprendidos, te falta disciplina». Suena lógico, ¿cierto? En situaciones normales, si no utilizamos nuestro tiempo para mejorar personal y profesionalmente, aunque sea mínimamente, pues no estamos alcanzando nuestro potencial. Pero ¿esto también aplica para situaciones excepcionales?

Veamos qué sucede con nuestro cerebro. En circunstancias ordinarias, cuando ocurre un hecho traumático no previsto, es decir, un acontecimiento que nos demanda mucho a nivel psicológico, el cerebro lo procesa como un evento amenazante. ¿Qué quiere decir esto? Principalmente, que se activa un mecanismo de defensa generado por años de evolución: el cerebro aumenta su producción de cortisol, adrenalina y noradrenalina, hormonas del estrés, para indicarle al organismo que debe defenderse. Esto conlleva una reacción en cadena que prepara a nuestro cuerpo para pelear o huir: la sangre se concentra en los órganos y músculos que vamos a necesitar, el ritmo cardíaco y respiratorio se incrementa, nuestras pupilas se dilatan y ya estamos listos para reaccionar. Esto nos ha salvado por millones de años de la muerte. Es lo mismo que ocurre cuando estamos ante el peligro de un atropello o de un ataque. La clave está en que todo este nivel de activación se reduce cuando controlamos el peligro y ya podemos volver a nuestra vida.

Pero ¿qué está pasando actualmente? La coyuntura por la que estamos atravesando es, sin lugar a duda, histórica. Se podrá asemejar a muchos otros contextos, como la gripe española de 1918, las guerras mundiales y la peste bubónica, pero es singular no solo por el impacto global que ha generado, sino porque un gran número de personas no hemos pasado por circunstancias de esta naturaleza. En otras palabras, un importante grupo de la población mundial tiene un «cerebro virgen» frente a catástrofes. Asimismo, otro grupo es más susceptible a desarrollar síntomas psicopatológicos por herencia genética o experiencias vividas. En estos casos, el nivel de activación no cae, se mantiene similar, lo que produce una situación sostenida de estrés, ansiedad y temor. ¿En este contexto es posible ser productivo? La respuesta es no. Es como si el centro cerebral de las emociones hubiera sido secuestrado por la amenaza actual del coronavirus: solo se reacciona y es muy difícil que se pueda producir, aprender, adquirir habilidades y planificar, porque todo el esfuerzo de nuestro cerebro gira en torno a pelear o huir.

¿Qué podemos hacer? Si nos sentimos desbordados o abrumados por nuestras emociones, sigamos estos consejos1:

  • Limitemos el tiempo que pasamos leyendo o viendo noticias, y solo tomemos en cuenta la información de fuentes confiables.
  • Construyamos hábitos seguros: comamos alimentos saludables, hidratémonos, no consumamos cafeína y alcohol en exceso, descansemos lo suficiente y hagamos ejercicio físico.
  • Relajémonos: realicemos respiraciones profundas, meditemos, disfrutemos de pasatiempos, y hagamos actividades divertidas y placenteras. No todo es trabajo y productividad.
  • Hablemos de nuestras emociones con amigos y familiares.
  • Aprendamos a identificar nuestras emociones: ¿qué sentimos? ¿Cómo el pasado afecta nuestros pensamientos y emociones? ¿Qué hacemos cuando nos sentimos así? ¿Qué podemos hacer para sentirnos mejor?
  • Comuniquémonos con servicios gratuitos de salud mental: si sentimos que, por más esfuerzo que hacemos, nos seguimos sintiendo ansiosos o tristes, llamemos a los centros especializados en psicoterapia que están ofreciendo sus servicios de forma gratuita. Estos son los números:

Centro de Psicoterapia Psicoanalítica de Lima: (0970) 089 355

Sociedad Peruana de Psicoanálisis: 447 8568

Centro Vinculare: 273 8157

Psicólogos Ciapla: 997 383 310

Terapia de Artes Expresivas: 422 6710

Talking Cure: (0962) 223 082

Si podemos ser productivos, hagámoslo. Pero, de no ser así, pongamos todo nuestro esfuerzo en mejorar y apoyémonos en otras personas. Cuando nos sintamos bien, lo sabremos y podremos continuar con nuestra vida.

Referencias

1 Substance Abuse and Mental Health Services Administration. (2014). Coping With Stress During Infectious Disease Outbreaks. Recuperado de https://store.samhsa.gov/sites/default/files/d7/priv/sma14-4885.pdf

| Fuente: Freeimages

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