Cusco: El adiós del maestro Armando Guevara Ochoa

Guevara Ochoa fue distinguido con la Medalla de la Ciudad del Cusco en el año 1985 y fue considerado ´Patrimonio Cultural Vivo de la Nación´.
Cortes

Unos días antes del 24 de diciembre del 2012, el maestro Armando Guevara Ochoa les dijo a sus familiares en la ciudad de Boston, Estados Unidos, que cuando muriera “…lo llevaran a su tierra natal, al Perú, al Cusco”.

Él dejó de existir el último 14 de enero  y sus seres queridos con el fin de cumplir su último deseo trasladaron a la Ciudad Imperial sus restos mortales desde Lima para que pueda descansar en paz, entre sus paisanos quienes evocan su presencia terrenal y lamentan su partida.

Armando Guevara Ochoa nació el 17 de febrero de 1926  en Cusco, fueron sus padres el médico Domingo Guevara Yáñez y Elvira Ochoa de Guevara, quien conjuntamente que el compositor indigenista Roberto Ojeda Campana lo iniciaron en la música, de la cual no se desprendería hasta el final de sus días.

Desde muy niño demostró su afición por el violín, pues se indica que a los 7 años interpretaba composiciones de su inspiración en actividades sociales. Entre sus primeros temas figuran: A mi madre (yaraví y huayno), Andes (huaynos), Angélica y Victoria (valses) y Romanza (melodía), cuyas partituras fueron publicadas por  la editorial musical Maldonado y por La Rosa Hermanos en Lima.

A los 11 años, en mayo de 1937, realizó su primera presentación pública en el Teatro Municipal de la Capital de la República, donde interpretó magistralmente bellas piezas de Beethoven y Jocelym, acompañado con el músico Roberto Carpio, motivo por el que fue bautizado por el público como el “niño genio del violín cusqueño”.

Sus padres al ver las grandes dotes que poseía el joven  Armando Guevara lo incentiva, lo envían a Lima y después  él viaja a Estados Unidos para perfeccionarse en el Conservatorio de New England, en Boston. Al culminar sus estudios estrena el Poema Sinfónico Nro. 1 en el teatro Carnegie Holl de Nueva York mientras que en el Caning House presenta partitura peruana.Este fue el inicio de una serie de presentación en diferentes salas del orbe.

Armando Guevara en vida, realizó conciertos de Violín en el templo de la Merced, La Catedral, el Templo de Coricancha, así como en Machu Picchu.

Armando Guevara Ochoa fue distinguido con la Medalla de la Ciudad del Cusco, en el año 1985 y considerado "Patrimonio Cultural Vivo de la Nación", por el ex Instituto Nacional de Cultura.

Quedan en la memoria colectiva cusqueña, sus más de 700 obras musicales, entre sinfonías, conciertos, obras corales, canciones, música de cámara, ballet, danzas folklóricas, con aires andinos y de raigambre popular,  destacando  Ricardo Palma, a Cáceres, a Miguel Grau, a Junín y Ayacucho y a Túpac Amaru; las composiciones Poema Sinfónico, Partitura Peruana, Vilcanota, Cusco (Qoricancha), Nunca Podrán, Danza Criolla, Lamento Andino, Sallcantay, Bronce Andino, etc.

Uno de sus discípulos, el músico Abel Rozas Aragón, con lágrimas en los ojos, tras su deceso dijo: “ al morir Armando Guevara muere un peruano que llevó la música por el mundo, pero por sobre todo muere un cusqueño que amó su tierra como nadie, su cultura popular , su gente con quienes le gustaba departir sus emociones y vivencias, sin ser  por eso un chauvinista”.

Rozas Aragón, ratificó que “…sus amigos, discípulos, compañeros de muchos avatares en la Orquesta Sinfónica Nacional, en el Instituto Superior de Música Leandro Alviña del Cusco, en las grabaciones de música cusqueña con Pro Lírica o la edición de la Antología de la Música Cusqueña, lo lloramos profundamente, pero sabemos que compartimos con él un momento glorioso para nuestra cultura”.

Otro alumno, Hugo Arias Tenorio, escribió  el día de su muerte “…Hoy es un día muy triste para mí, se fue el  “papacho”, tengo el orgullo de haber sido su alumno cuando era muy niño, y siempre me inculcó el amor por nuestra tierra,  por nuestros valores humanos. Querido maestro siempre lo recordaré y sus enseñanzas quedaran en mi para transmitirlas en la nuevas generaciones…hasta siempre gran Amauta".

Por: Adelayda Letona García

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