El inigualable encanto del balneario trujilllano de Huanchaco

El concurrido balneario considerado como la cuna del cebiche y un lugar idílico para la práctica de los deportes de aventura, se prepara para recibir a miles de turistas este verano.

Cuentan que en Huanchaco nació el cebiche y, sin dudarlo, no hay sensación más placentera que saborear nuestro emblemático alimento admirando el mar como telón de fondo, sintiendo la brisa y disfrutando del inigualable ambiente que nos brinda el concurrido balneario.

Sin embargo, quienes han llegado hasta Huanchaco saben que el cebiche no es el único tesoro que sus pobladores muestran con rebosante entusiasmo. Si bien la comida, basada en pescados y mariscos, representa un irrecusable atractivo para el paladar de los visitantes, existen también otros motivos de tradicional orgullo.

El balneario ubicado a solo 14 kilómetros al noroeste de la ciudad de Trujillo es mundialmente apreciado por sus legendarios caballitos de totora, embarcaciones de unos 5 metros de largo usadas para la pesca y navegación desde tiempos milenarios por nuestros ancestros de las culturas Mochica y Chimú.

Aún hoy es posible apreciar a los huanchaqueros adentrarse sin temor hasta lo más recóndito del mar en busca del preciado producto hidrobiólogico, desafiando la braveza de las olas y mostrando su destreza en las barcas de hasta 200 kilos construidas tras un minucioso trabajo y en base a tallos y hojas de la planta acuática conocida como totora.

Pueblo tradicional y con una nutrida historia llena de matices, Huanchaco se ha convertido durante épocas recientes en punto de encuentro de jóvenes de cuerpo y espíritu en busca de aventuras y deportes de riesgo.

El balneario recibe con su radiante sol a miles de turistas desde el mes de diciembre hasta el final del verano. Muchos de ellos llegan para aprender y practicar arriesgados deportes en sus olas dignas de elogio y que han motivado su reconocimiento como Reserva Mundial del Surf y sede oficial del Campeonato Mundial de Longboard.

Si nos remitimos a las versiones históricas, se puede afirmar que Huanchaco fue la caleta mochica más importante hasta el año mil de nuestra era. Su nombre provendría del vocablo quechua Guakocha, cuyo significado se acerca a la frase “hermosa laguna con peces dorados”.

Años después, y a través del apogeo de la cultura Chimú, el balneario adquirió singular importancia y se convierte en puerto de salida de la ciudadela Chan Chan, ubicada a solo 4 kilómetros de distancia.

Luego de abastecer a la nobleza norteña durante varias décadas, Huanchaco despunta en este siglo como el balneario más importante de la denominada Ruta Moche y atractivos no le faltan.

Los visitantes, que no son pocos, afirman sentirse aliviados por su clima generalmente seco sin temperaturas extremas, ideal para quienes aspiran a huir de la polución de las ciudades capitales.

Del mismo modo, despierta admiración el colorido malecón coronado con un romántico muelle rodeado de glorietas que se asemejan a una vía que discurre sin impedimentos hacia lontananza.

Lamentablemente el problema de la erosión costera va dejando sus huellas en el litoral norteño y Huanchaco no es la excepción. Hasta el momento, los proyectos enarbolados para afrontar las consecuencias de la problemática no han sido efectivos y los pobladores de la zona sufren por la inacción de las autoridades regionales.

Aún así, Huanchaco parece no detener su desarrollo turístico y son cada vez más los hoteles, restaurantes y locales comerciales que se aprestan a recibir a los viajeros. No hay duda, a pesar de los años transcurridos que el encanto continúa presente y Huanchaco será siempre un lugar de referencia para quienes busquen sol, mar y emoción durante el verano.
 
Por: Jorge Ricardo Rodríguez Carranza

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