Arzobispado Metropolitano de Trujillo

Dicen que la fe mueve montañas, y que solo con tener aquella virtud teologal del tamaño de un granito de mostaza, maravillosos acontecimientos podrían experimentarse.

Y es la fe aquello que mueve, en este caso, a masas. Sí, masas de gente entusiasta, una muchedumbre con el corazón en la mano y el alma henchida de amor por el divino hacedor durante la festividad del Corpus Christi en la ciudad de Trujillo (La Libertad). 

Traducida a nuestro idioma, la frase Corpus Christi significa cuerpo de Cristo, y alude a la transformación mística de la humanidad del hijo de Dios en alimento para el alma. En términos católicos, se trata de la celebración de la Eucaristía o la solemnidad del cuerpo y la sangre de Jesucristo.

Trujillo es, sin duda, una ciudad mayoritariamente católica, aunque actualmente otras corrientes religiosas han ingresado con fuerza a la escena local. Así, los 12 templos católicos, ubicados solo en el centro histórico, reflejan la fidelidad de un pueblo unido en torno a la divinidad. 

Será por ello que las cifras indican que la Plaza de Armas de la ciudad de la marinera y la primavera, albergó a más de 70 mil devotos durante la celebración del Corpus Christi durante el año 2012.

Si el misterio religioso que acerca al hijo de Dios con el pueblo católico reúne a tal muchedumbre, no es solo por las 36 preciosas alfombras de flores y los 20 arcos artísticamente decorados para la ocasión. En la cita religiosa hay algo mucho más profundo.

Los rostros reflejando paz y los ojos emocionados al borde de las lágrimas de los asistentes a la celebración, indican que estamos ante una especial e íntegra entrega espiritual, sincera por donde se mire y gratamente esperanzadora.

No sería extraño superar el número de fieles presentes en la Plaza de Armas de Trujillo en la festividad del Corpus Christi en el presente año.

Esta vez, la reunión católica masiva se ha programado para el próximo 30 de mayo y seguramente decenas de miles de corazones suplicarán por una sociedad generosa y firme en su convicción de paz y amor, sin tanta violencia ni convulsión política. Que así sea.

Por: Jorge Rodríguez

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