Vacunas, fiscales y el hombre de Neanderthal [COLUMNA]

Por muy decisiva que sea la vacunación, las medidas sanitarias continúan siendo necesarias. El presidente Joe Biden lo dijo ayer de manera cruda, ante los anuncios que promueven el levantamiento de la obligación de usar mascarillas: Es propio del “pensamiento Neanderthal”.

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Joe Biden, presidente de Estados Unidos. | Fuente: AFP

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Finalmente llegaron anoche a nuestro país las primeras 50,000 dosis de la vacuna Pfizer. La presidenta del Consejo de ministros afirmó que con ellas se dará inicio a la segunda fase de la vacunación general, que esta vez incluye a los mayores de sesenta años, a militares y policías, a los que padecen otras morbilidades, a las comunidades nativas, los funcionarios del INPE y los encarcelados. La Pfizer es una vacuna que comenzó a aplicarse hace tres meses en el Reino Unido, que tiene una alta tasa de efectividad, pero que debe ser conservada a muy baja temperatura, menos 70 grados. Por eso, comenzará a distribuirse en los lugares que permitan cumplir con ese requisito, sin el cual la vacuna pierde, precisamente, su efectividad. El presidente Sagasti reiteró que el volumen de lotes de dosis Pfizer aumentará a partir de abril hasta completar la cifra contratada de 20 millones. Desde ya, EsSalud ha abierto una página digital para que se inscriban los que reúnan las condiciones definidas para ser vacunados en la segunda fase.

Por muy decisiva que sea la vacunación, las medidas sanitarias continúan siendo necesarias. El presidente Joe Biden lo dijo ayer de manera cruda, sin duda ante los anuncios de que en Texas y otros Estados se promueve el levantamiento de la obligación de usar mascarillas. Biden dijo que el rechazo de la mascarilla es propio del “pensamiento Neanderthal”, en referencia a una variante de la especie humana que desapareció cuando se consolidó, hace 40,000 años, el homo sapiens sapiens, del que descendemos todos los seres humanos. En verdad, no sabemos con precisión por qué desapareció el hombre de Neanderthal, un pequeño porcentaje de cuyos genes forma parte de nuestro código genético. Mucho más cerca de nosotros, el divulgador científico Tomás Unger recuerda en El Comercio que los primeros exploradores del Caribe “encontraron múltiples poblados con miles de habitantes, en sociedades bien organizadas y prósperas”. Pero, cuando pocos años más tarde llegaron los conquistadores “encontraron restos de civilizaciones en descalabro social y económico”. En efecto, sin saberlo, los conquistadores trajeron enfermedades que eran inocuas para los europeos, que “ya habían desarrollado inmunidad tras sobrevivir a múltiples plagas medievales”. En 1520 cuando Hernán Cortés desembarcó en México tenía entre sus hombres un esclavo africano infectado con viruela. Unger precisa que “seis meses más tarde la mitad de la población de la capital azteca, entre 100,000 y 600,000 habitantes, había muerto de viruela”. De manera que no es necesario remontar hasta el hombre de Neanderthal para saber que la salud depende de reglas sanitarias inspiradas por la prudencia y el sentido común: la distancia social.

Mientras tanto, las agitaciones continúan en torno a los fiscales, en particular a propósito del caso de Los cuellos blancos del puerto, que recordémoslo, comenzó con investigaciones sobre narcotráfico. Por tercera vez, Comisión de Justicia del Congreso ha convocado a la Fiscal de la Nación a una sesión el próximo martes, pero esta vez le advierte que si no asiste será objeto de una “denuncia constitucional”. El congresista Omar Chehade dijo incluso que de no asistir “irá presa como la ex Fiscal de la Nación del gobierno fujimorista Blanca Nélida Colán”. Algunos constitucionalistas han hecho notar que solo las Comisiones investigadoras tienen la capacidad de convocar coercitivamente. La Comisión de Justicia no lo es.

El ministro de Economía aprovechó la conferencia de prensa de los miércoles para informar que el Perú ha logrado colocar en el mercado internacional 4,000 millones de dólares en bonos. Frente a los temas sanitarios y las querellas políticas, los bonos pueden parecer algo abstracto. Pero la confianza en nuestra estabilidad económica se traduce en empleo, salarios justos, comida y vida digna.

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