La historia de Juan Pablo II y un artesano durante su visita a Cusco

El artesano Antonio Olave quiso entregar como regalo una obra de arte al sumo pontífice en 1985, pero él prefirió bendecirlo y que se quede en el Cusco.
El Niño de la Espina, fue creado por el maestro Antonio Olave y entregado como regalo al papa Juan Pablo II, durante su visita a Cusco en el año 1985. | Fuente: RPP | Fotógrafo: Noemy Mamani

Hace 33 años, Cusco fue una de las ciudades privilegiadas con la visita del papa Juan Pablo II, Karol Józef Wojtyla​. Durante sus actividades el artesano Antonio Olave, creador del famoso “Niño de la Espina”, regaló al santo padre una réplica de su obra.

Vito Olave, hijo del artesano reconocido, recordó el recorrido del sumo pontífice hasta su arribo a la explanada de Saqsayhuamán, a donde habían llegado miles de feligreses.

“Cuando mi padre se enteró que el papa llegaría a Cusco, tomó uno de los moldes de maguey que tenía y trabajó 9 meses para los acabados, cuando terminó se lo entregó al papa y el papa se hincó con la espina del niño, luego de eso le dijo a mi papá que él ya tenía muchos niños en Italia y que mejor ese niño se quede en casa para proteger a mi familia”, contó.

Dijo que antes de devolverlo al maestro Antonio Olave, el papa bendijo al Niño de la Espina y desde ese entonces fue llevado a muchas partes del mundo como parte de las exposiciones artísticas de la familia Olave.

No faltaron personas que ofrecían cifras monetarias muy altas a cambio del niño bendecido por el papa, sin embargo este nunca estuvo en venta, por el contrario fue conservado y ahora es expuesto en la vivienda Olave, ubicada en el barrio de San Blas, en el centro histórico de Cusco.

Niño de la Espina. Creada por el maestro Antonio Olave, quien en 1975 recibió la imagen del santo patrono de comuneros de Vilcabamba, conoció la historia del “Niño de la Espina”  que recrea al niño Jesús, pero con características cusqueñas viste chullo, ojotas y poncho andino.

Los feligreses contaron la historia de Q’alito, un niño juguetón que ayudaba a los pequeños pastores a cuidar su ganado y luego jugar con ellos. Dicen que a uno de los pastorcitos se le incrustó una espina en el pie y lloró de dolor. Para consolarlo, Q´alito se incrustó a propósito una espina diciendo que a él también le dolía y que no debía estar triste.

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