JNE organizó el debate electoral. | Fuente: Foto: Andina

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Anoche se completó la serie de debates organizados por el Jurado Nacional entre los partidos que participan en las elecciones congresales del próximo domingo. Entramos a una semana de reflexión, durante la que cada ciudadano tendrá que vérselas con su conciencia y con su forma libre y particular de juzgar a los candidatos y sus respectivos partidos. Han sido también publicadas las últimas encuestas y simulacros que con más o menos puntos, dividen a los partidos en tres grupos: El primero está conformado por cuatro o cinco que están virtualmente seguros de tener representación, aunque no se puede adelantar cuál será el orden entre ellos, ni cómo operará la cifra repartidora para traducir el número total de votos a escaños en cada una de las 26 regiones. El segundo está conformado por cinco o seis partidos cuyas intenciones de voto podrían permitirles superar la valla de 5% fijada por la ley. Y finalmente, un tercer grupo de partidos que no parecen haber logrado conectar con los electores. El gran desafío es convencer a la vez en Lima (cerca de una tercera parte del electorado total) y en las regiones, que tienen demandas específicas y e historias diferentes con los dirigentes elegidos en el pasado.

Respecto a los temas dominantes, el Jurado Nacional parece haber acertado al dividir los debates en tres grandes capítulos: la reforma político-electoral, la reforma de la Justicia y la seguridad ciudadana. Lo que quiere decir que los temas económicos han quedado postergados, en parte porque, por primera vez en mucho tiempo, se trata de una elección de la que no surgirá un nuevo gobierno. Según la mayoría de los sondeos, los electores tienden a optar por propuestas moderadas, lo que sin duda es un aprendizaje sacado de los malos resultados del clima de confrontación que prevaleció desde las elecciones del 2016. Moderación también para juzgar la disolución, puesto que el discurso contra el “golpe de Estado” y “contra el dictador Vizcarra”, no parece haber convencido a electores que quieren cambiar de ciclo político. Tampoco han tenido mucha sintonía las sempiternas propuestas de Asamblea Constituyente y cambio radical del modelo económico. Sin duda la violencia contra la mujer ha irrumpido en el debate a causa de feminicidios conmovedores y del penoso caso del general Daniel Mora. El excongresista y exministro ha llegado a afirmar que hay otros miembros maltratadores en su propia lista, como si considerara que sólo ahora le corresponde denunciar, lo que en efecto es una defensa vergonzosa y cínica. Mora parece capaz de recurrir a todo, menos a reconocer los hechos y pedir disculpas a la víctima, a su familia, su partido y la sociedad en su conjunto. El caso ha merecido un severo comunicado de la Defensoría del Pueblo, en el que pide que se excluya a Mora y que las sentencias del Tribunal Constitucional y los acuerdos internacionales tengan primacía sobre “normas adjetivas relacionadas con plazos y términos”.

Un ejemplo de los desvaríos de la razón y el empecinamiento en conservar el poder nos llega desde Buenos Aires, donde Evo Morales ha concedido una larga entrevista al prestigioso semanario alemán Die Zeit. Quien fuera presidente de Bolivia durante catorce años reconoce ahora que no debió postular por cuarta vez en las elecciones de octubre pasado. Pero persiste en decir que el referendo en el que el pueblo votó contra su derecho a volver a postular fue un “fraude”. Y sostiene que el gobierno de Estados Unidos quiso sacarlo directamente de La Paz a Guantánamo, en la isla de Cuba, donde desde la época de Bush se hallan ilegalmente detenidos presuntos terroristas capturados en Iraq. Evo Morales, quien sigue inspirando sueños desvariados en nuestro país, no ha comprendido el legítimo reclamo de alternancia y democracia. En Bolivia y en nuestra región.

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