Una de las observaciones más frecuentes sobre la educación superior en América Latina apunta a la brecha entre la formación universitaria y las exigencias del mercado laboral. Carreras con una fuerte carga teórica, prácticas relegadas a los últimos semestres y egresados que enfrentan su primer empleo sin experiencia previa siguen siendo parte del diagnóstico regional.
En respuesta a ese escenario, algunas universidades han comenzado a revisar sus métodos de enseñanza. Desde Bolivia, la Universidad Franz Tamayo (Unifranz) ha optado por un enfoque pedagógico que prioriza la experiencia como eje formativo. El objetivo es preparar profesionales a partir del ejercicio práctico, sin desligarlo de lo académico.
“Aprender haciendo permite que los estudiantes desarrollen competencias reales desde el inicio de su formación. En Unifranz no solo transmitimos contenidos, desafiamos a los estudiantes a aplicar lo aprendido en proyectos de impacto social, simulaciones, retos empresariales y dinámicas colaborativas”, explica Gustavo Montaño, vicerrector académico nacional de Unifranz.
Este enfoque se ha consolidado como uno de los pilares del modelo educativo de la universidad y como un rasgo distintivo que comienza a captar la atención de estudiantes de Bolivia y de otros países de la región, donde la experiencia práctica se ha vuelto un criterio central al momento de elegir dónde estudiar.
Cuando la práctica está al comenzar el camino
En muchos sistemas universitarios tradicionales, la práctica profesional aparece al final de la carrera, como un requisito previo a la titulación. En Unifranz, la lógica es distinta porque la práctica está integrada desde los primeros semestres.
A lo largo de su formación, los estudiantes trabajan con casos reales, desarrollan proyectos aplicados, participan en simulaciones profesionales y enfrentan desafíos vinculados a su futura profesión. Este proceso fortalece la autonomía, el trabajo en equipo y la toma de decisiones en contextos reales, competencias transversales que hoy resultan indispensables en cualquier campo laboral.
El diagnóstico regional respalda esta apuesta. Según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), cerca del 45% de los empleadores en América Latina considera que los egresados universitarios no cuentan con las competencias prácticas necesarias para desempeñarse eficazmente durante sus primeros años de trabajo.
“La única forma de estar preparados es conocer de qué se trata el trabajo al que van a enfrentarse, y eso solo se logra cuando se ha vivido una experiencia similar”, señala Pablo Ardaya, director nacional de Capital Humano de Unifranz.
Más que memorizar conceptos, el modelo impulsa a los estudiantes a que los aplique, los cuestione y los interiorice. El aprendizaje se construye a partir de la acción, del ensayo y error y de la reflexión sobre la práctica.
Un modelo conectado con la realidad latinoamericana
El valor del aprender haciendo no se limita a sumar horas prácticas. Su fortaleza está en articular el aprendizaje académico con la realidad social y productiva del entorno. En Unifranz, los proyectos formativos se desarrollan en vinculación con empresas, instituciones públicas, organizaciones sociales y emprendimientos, lo que permite a los estudiantes comprender cómo se toma decisiones y se gestiona problemas en contextos reales de América Latina.
Un componente clave son los proyectos integradores, orientados a responder necesidades concretas de la sociedad, en muchos casos vinculadas a comunidades vulnerables y a desafíos de desarrollo sostenible. A través de estos proyectos, los estudiantes asumen un rol activo en su formación y trabajan en soluciones viables, desde el diagnóstico hasta la implementación.
“Participar en un proyecto integrador prepara a los estudiantes para un mercado laboral que exige creatividad, resiliencia y pensamiento crítico. En Unifranz, esta metodología no es un complemento, es un eje estructural”, afirma Cristhian Uriona, decano académico de la universidad.
Para los estudiantes que evalúan opciones fuera de su país, esta experiencia les permite formarse en un entorno regional con desafíos compartidos y realidades comparables, pero bajo un modelo pedagógico distinto al tradicional.
Del aula al ejercicio profesional, sin rupturas
El enfoque de aprender haciendo está directamente vinculado al desarrollo de habilidades que hoy lideran la demanda laboral: pensamiento crítico, comunicación efectiva, liderazgo, trabajo colaborativo y capacidad de adaptación. Estas competencias pesan cada vez más, incluso por encima del conocimiento estrictamente técnico.
El modelo reduce el choque entre la universidad y el empleo. Al egresar, los estudiantes no enfrentan por primera vez dinámicas desconocidas, sino que ya han trabajado con plazos, equipos multidisciplinarios, clientes reales y escenarios que requieren toma de decisiones.
Este enfoque explica que Unifranz haya obtenido 5 estrellas en Empleabilidad dentro del sistema internacional QS Stars, una certificación que evalúa la preparación de los egresados para el mundo del trabajo.
Una tendencia que redefine la educación superior
El modelo forma parte de un grupo aún reducido de universidades latinoamericanas que han decidido transformar su estructura académica para responder a estándares internacionales y a las demandas reales del mercado.
Desde Bolivia, Unifranz plantea una respuesta concreta, una universidad que integra teoría y práctica, concibe la formación profesional como un proceso continuo y prepara a sus estudiantes para desenvolverse en el mundo real desde el inicio de su carrera. Un enfoque que hoy comienza a marcar una diferencia tangible.