Unifranz impulsa un campus pensado para el futuro de la educación superior. Con aulas dinámicas, laboratorios de simulación médica, IA Lab y espacios colaborativos, la Universidad Franz Tamayo integra arquitectura, tecnología e innovación para fortalecer el modelo de aprender haciendo y formar profesionales preparados para el mundo real.
Las universidades no solo enseñan a través de planes de estudio, también lo hacen desde los espacios que habitan sus estudiantes. La arquitectura, la tecnología y la forma en que se conciben las aulas influyen directamente en cómo se aprende, se colabora y se innova.
Bajo esa premisa, la Universidad Franz Tamayo (Unifranz) ha desarrollado un nuevo espacio académico que propone una manera distinta de entender la vida universitaria en Bolivia y en la región.
“El aula ya no es un espacio estático. Es un laboratorio de ideas, un entorno donde los estudiantes pueden moverse, crear y transformar el conocimiento. La educación necesita espacios que se adapten al ritmo del pensamiento y a las nuevas formas de aprender”, afirma la arquitecta Verónica Ágreda de Pazos, rectora nacional de Unifranz.
Más que un campus tradicional, el proyecto responde a una idea clara: si el mundo profesional es colaborativo, tecnológico y cambiante, la universidad debe anticipar ese escenario. El resultado es un entorno diseñado para acompañar un modelo educativo centrado en la experiencia, la práctica y la interacción constante.
Infraestructura que responde a una visión pedagógica
En América Latina, la discusión sobre calidad universitaria suele centrarse en currículos y acreditaciones. Sin embargo, organismos como la UNESCO y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) han subrayado que los espacios educativos influyen de manera directa en el aprendizaje activo, la innovación y el trabajo interdisciplinario. Unifranz ha incorporado esta visión al concebir sus campus como un ecosistema académico, no sólo como un conjunto de edificios.
Aulas dinámicas, laboratorios especializados, salas de simulación profesional, espacios colaborativos y zonas de encuentro académico conviven en un diseño que busca romper con la lógica del aula cerrada y el aprendizaje pasivo. Cada ambiente está pensado para facilitar dinámicas de trabajo en equipo, discusión, experimentación y resolución de problemas reales.
“Estos espacios no sólo están equipados con tecnología de última generación, sino que también están diseñados para ofrecer una experiencia de aprendizaje inmersiva y realista a nuestra comunidad educativa”, explicó Pedro Sáenz, vicerrector de Unifranz.
Una catedral del saber en el corazón de sudamérica
Como parte de la apuesta en infraestructura, en Cochabamba está la sede de la denominada Catedral de la Innovación Académica de Unifranz. En este espacio convivirán tres altares de aprendizaje de vanguardia: el Casem, el IA Lab y el Business Lab.
Uno de los pilares de esta iniciativa es el Centro Avanzado de Simulación de Entrenamiento Médico (CASEM), que cuenta con laboratorios de simulación clínica de alto nivel. El objetivo es que los estudiantes enfrenten situaciones similares a las del ejercicio profesional antes de atender pacientes reales, fortaleciendo tanto sus competencias técnicas como su criterio clínico.
El IA LAB es un laboratorio y un portal donde la inteligencia artificial hace de puente entre varios mundos posibles. En este espacio el futuro ya no es un horizonte lejano sino una construcción diaria.
Otro de los espacios es el Business Lab. Más que un simulador, es una mesa de decisiones y debate donde laten todos los movimientos económicos del planeta y desde donde se toman las decisiones de negocios más audaces y con mayor impacto.
Además de estos espacios, cada sede cuenta con simuladores y herramientas inmersivas para las carreras en salud, económicas y tecnológicas, como los Labsag.
Arquitectura al servicio del “aprender haciendo”
Los espacios académicos de Unifranz se articulan directamente con el modelo educativo de aprender haciendo que impulsa la universidad. La infraestructura no es un elemento decorativo, sino una herramienta pedagógica.
Para ello se cuenta con aulas que se adaptan a distintas metodologías, laboratorios que permiten simulaciones cercanas al ejercicio profesional y entornos que replican contextos reales de trabajo. El campus facilita que la práctica no sea un momento aislado, sino una parte permanente del proceso formativo.
“Por ejemplo, un aula dinámica incluye la posibilidad de mejorar el rendimiento y la concentración, fomentar la colaboración y la flexibilidad, y generar un ambiente de aprendizaje positivo. Está diseñada para aplicar diversas metodologías activas, por lo que los estudiantes no solo reciben una clase magistral, sino que pueden reorganizar el mobiliario para debates, trabajo en equipo, gamificación y otras dinámicas”, señala Ariel Quispe, docente de Unifranz y miembro de la Jefatura de Enseñanza y Aprendizaje.
Para los estudiantes internacionales este tipo de infraestructura representa una señal concreta de cómo la universidad traduce su discurso educativo en espacios reales de aprendizaje.
Un campus pensado para colaborar
Otro rasgo distintivo del proyecto es su énfasis en la interdisciplinariedad y la vida universitaria. Los espacios abiertos y las áreas comunes están diseñados para favorecer el encuentro entre estudiantes de distintas carreras, promoviendo el intercambio de ideas y la construcción colectiva del conocimiento. De hecho, hay proyectos en los que participan estudiantes de tres carreras o más desarrollando soluciones para municipios y comunidades.
Esta lógica responde a una tendencia global identificada por el World Economic Forum, que señala que la innovación surge cada vez más del cruce entre disciplinas y de la capacidad de trabajar con equipos diversos. El campus actúa, así, como un facilitador de experiencias académicas y humanas que van más allá del aula.
La apuesta por un campus diseñado para innovar no es un fin en sí mismo. Forma parte de una estrategia institucional orientada a preparar profesionales capaces de desenvolverse en entornos complejos, colaborativos y cambiantes. En este enfoque, la infraestructura se convierte en un componente más del proceso educativo, tan relevante como el currículo o el cuerpo docente.
Ingresa aquí y conoce más sobre Unifranz: https://unifranz.edu.bo/