Estar ocupado no debería ser vivir ocupado

Invertimos más de 8 horas diarias en la oficina, eso es algo que por ahora no vamos a poder cambiar, lo que sí podemos cambiar es la calidad del tiempo que invertimos en cada uno de nuestros roles.

Claudia Draghi

Claudia Draghi

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¿Te ha pasado que en un abrir y cerrar de ojos se acabó el día? ¿Te ha pasado que de pronto estás haciendo planes para año nuevo y no sabes en qué momento se acabó el año?  ¿Te ha pasado que has ido a la graduación de ese pequeño que ayer cargaste?

Vivimos en urgencia permanente, con esa creencia de que un profesional debe estar ocupado. Es una sensación tan generalizada que se ha construido la idea que cuando alguien te pregunta: “¿Como estás?” resulta impensable responder: “Estoy tranquilo, gracias”.

Pareciera que lo profesional es contestar: ¡estoy ocupadísimo, no paro! Sin embargo, hemos de reconocer que nadie es mejor ni más efectivo porque exprese lo estresado que está. 

Es más, decirlo con recurrencia es como declarar sin reparo que tenemos algún tipo de adicción (y como tal, es dañino) ya que el estrés que genera vivir en la urgencia es nocivo en muchos sentidos: afecta nuestra capacidad de descansar y por lo tanto nuestra capacidad de concentración. Trastoca nuestros niveles hormonales y debilita nuestro sistema inmune. Nos lleva a crear malos hábitos que traen como consecuencia descuidar nuestra salud y lo más triste, nos desenfoca y oculta nuestras prioridades haciéndolas parecer postergables. En resumen, el vivir ocupado nos daña, profunda e irreversiblemente, no solo a nivel físico y emocional, si no en lo más profundo de nuestra esencia.

| Fuente: Freeimages

No podemos negar que hay cosas que necesitan nuestra atención y que debemos atender, el problema es que invertimos la mayor parte de nuestro tiempo haciendo tonterías que nos alejan de lo realmente importante. Es lamentable darnos cuenta de que pasamos nuestra vida haciendo cosas irrelevantes. 

Invertimos días enteros viendo series y contamos con orgullo que “hicimos una maratón de películas”, vamos a eventos sociales para reforzar nuestro networking, pasamos horas buscando ropa nueva que nos permita impresionar a personas que ni siquiera nos interesan o caen bien. Estamos acostumbrados a usar nuestro trabajo como excusa de lo que es importante. Cuando me toca a acompañar procesos de coaching de equipos, veo con más frecuencia de la que quisiera, a ejecutivos presentes-ausentes en los directorios sumergidos en sus celulares y lo más triste es que en las reuniones familiares este patrón se repite.

Hace unos días conversaba con una cliente que llamaremos Catalina y quien, entre lágrimas, me contó una historia que le dije compartiría.  Catalina es CEO de una multinacional y madre de tres hijos.  Me comentó que le robaron el celular el viernes saliendo del trabajo. Si bien estaba de muy mal humor, aprovechó la situación como excusa para desconectarse del trabajo y estar más presente el fin de semana con su familia.

Su asistente había gestionado el reemplazo del celular durante el fin de semana y el lunes a medio día ya tenía el nuevo modelo en sus manos. Ese lunes, al llegar a su casa, su hija de 3 años fue corriendo a recibirla y al ver que su mamá tenía el nuevo celular en la mano, se puso a llorar y gritar pidiendo que lo bote a la basura, que no quería que mamá tenga el celular nunca más.

Ese lunes, Catalina tomó algunas decisiones, simples pero muy valiosas. En primer lugar, se propuso que el celular se quedaría en la cartera antes de abrir la puerta de su casa. Además, acordó con su esposo y sus hijos adolescentes que el teléfono quedaba prohibido en la mesa y reuniones de familia. 

Al buscar el aprendizaje de la situación, Catalina pudo tomar conciencia de las veces que (mirando su celular) les había dicho a sus hijos frases como: Un ratito, esto es importante (¿Acaso mi hijo no es más importante?). No me interrumpas que estoy trabajando (¿No se supone que ya salí del trabajo?)

Invertimos más de 8 horas diarias en la oficina, eso es algo que por ahora no vamos a poder cambiar, lo que sí podemos cambiar es la calidad del tiempo que invertimos en cada uno de nuestros roles. ¿Cómo estamos llegando a casa? ¿Cómo estamos viviendo las reuniones del trabajo.

Esa incapacidad de estar realmente presentes es lo que nos genera estrés y nos hace inefectivos e infelices. Estamos en el trabajo tratando de resolver cosas de la casa, en casa resolviendo cosas del trabajo, en la reunión con el equipo atendiendo otros temas, en el gimnasio pensando en la vida de otros. Estamos, pero no estamos y eso nos consume la vida.

Sin lugar a duda, Catalina reconoce que su prioridad es ser la mejor mamá que pueda ser.

Aunque esto sea claro y evidente para ella, la calidad y cantidad del tiempo que le dedicaba a su rol de madre estaba fuertemente afectado por sus responsabilidades profesionales. Hacerse responsable de establecer los límites al llegar a casa y darles a sus hijos atención de verdad y de calidad, fue tal vez el mayor aprendizaje que le dejó esta situación.

Vivir alejados de nuestras prioridades siempre nos pasará la factura y no tenemos derecho a responsabilizar a nuestros trabajos y la sobrecarga profesional de nuestras decisiones de vida. Resulta fundamental tomar conciencia de la responsabilidad que tenemos de hacernos cargo de nuestras vidas. Solo entonces podremos reconocer que “estar ocupados” es una excusa de perdedores que nos da el derecho a: olvidar cumpleaños, no hacer deporte, no hacer el chequeo médico pendiente y una lista interminable de etcéteras.

Cada vez que decimos que estamos muy ocupados, lo que en realidad estamos afirmando es que no somos capaces de priorizar nuestras vidas. Aunque muchos conecten el estar ocupado con ser exitoso, la verdad es que vivir ocupados nos impide vivir, solo existir.

Te imagino pensando: ¿pero, qué puedo hacer si realmente tengo mucho trabajo? Aunque parezca una locura, la respuesta es: ¡detente!, da un paso atrás y define cuáles son las cosas que solo llenan tu tiempo y no son cosas relevantes que te acerquen a tus prioridades (profesionales y personales).

Empieza este fin de semana, no hagas planes y cuando te pregunten ¿qué harás?  Responde con calma y sonriendo: No sé. No tengo planes.  

Crea el espacio adecuado para esa conversación pendiente con esa persona importante. Visita a esa viejita querida y siéntate a pintar un mandala, camina por el parque y respira, disfruta de bajar las revoluciones. Ese es el primer paso para empezar a definir y actuar en concordancia con tus prioridades.

Invierte unos minutos diarios para construir aquello que para ti es relevante porque como diría Steve Jobs: “Si tú no trabajas por tus sueños, alguien te contratará para que trabajes por los suyos”.

NOTA: “Ni GRUPORPP ni sus directores, representantes o empleados serán responsables bajo ninguna circunstancia por las declaraciones, comentarios u opiniones vertidas en la presente columna, siendo el único responsable el autor de la misma”.

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