La COP de la amargura

Nuevamente una COP culmina con mucha frustración frente al pobre avance en temas claves para enfrentar la emergencia climática, tales como los compromisos de reducción de emisiones, el mercado global de carbono y el mecanismo de pérdidas y daños.

No faltarán los optimistas que desde la trinchera de su escritorio dirán que no todo fue mal en la última Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP25) celebrada en la ciudad de Madrid, España. Sin embargo, a la luz de los magros resultados y las opiniones de diversos participantes, no hay mucho que celebrar.

Esta fue la reunión número 25 de una convención que sin tener carácter vinculante (es decir sus acuerdos no son obligatorios para los firmantes) canaliza la esperanza de millones de personas vulnerables al cambio climático. Esta fue también la más larga celebrada en una sola sede, pues se extendió por más de 44 horas adicionales a lo programado. Pero más allá de lo anecdótico hay que reconocer que los países y observadores menos favorecidos no disponen de los recursos para extender su estadía más allá de lo previsto, lo que resulta en una negociación menos representativa. De este modo, el texto final queda a disposición de los estados e intereses privados cuya agenda común es el mantenimiento del status quo.

Lamentablemente esta ha sido una más de tantas COP en las que se celebra la disposición a sentarse a conversar del problema en una próxima reunión, antes que discutir propuestas claras y decisivas para atender la magnitud de la emergencia climática. Como es de esperar se privilegia el consenso a costa de la ambición y, en este caso en particular, el rol de la presidencia del evento a cargo de Chile ha recibido múltiples críticas, ya que trató de construir una posición de consenso que no se opusiera a los intereses de los principales emisores de gases de efecto invernadero.

No resulta extraño que varios delegados nacionales, representantes indígenas y de la sociedad civil hayan expresado su desolación con lo poco que se ha avanzado durante esta COP. Si hasta hace algunos años se tenía mucha confianza en que la información presentada por la ciencia motivaría el cambio de actitud de los gobiernos clave y del sector empresarial, hoy en día es penosamente obvio que esto no es suficiente. Peor aún, los diversos reportes científicos acerca de la gravedad de la crisis climática apenas si son mencionados tangencialmente en los acuerdos, sin considerar la urgencia de la situación.

La segunda gran frustración ha sido el casi nulo interés en desarrollar el mecanismo internacional de pérdidas y daños (Warsaw International Mechanism for Loss and Damage) destinado a implementar un fondo de ayuda para atender las necesidades de las naciones más vulnerables. Mientras ahora mismo hay personas sufriendo y muriendo a causa directa e indirecta del cambio climático, todavía hay negociadores que siguen pidiendo más evidencias y discuten minucias administrativas para retrasar la adopción de medidas efectivas.

Arabia Saudita, Australia, Brasil, Estados Unidos y en menor grado otras potencias globales, han actuado de manera abusiva e intransigente durante esta COP. Pretenden escuchar a los países y pueblos afectados, pero no hacen nada para paliar su situación. No solo ignoran a la ciencia, sino que incluso promueven y avalan grupos de negacionistas o atacan a los científicos que están tratando de hacer público su trabajo. Al final solo responden a los intereses de sus propios grupos económicos por lo general ligados a la industria de combustibles fósiles. En particular, la presencia de Estados Unidos en las negociaciones (que ya confirmó su retiro de la convención el año próximo) ha sido vista como una muestra del poder del sector corporativo para impedir el avance en temas claves como el mecanismo de pérdidas y daños, así como la necesidad de transparencia en la contabilidad de los compromisos de reducción de emisiones y del mercado global de carbono.

Por el escaso lado positivo hay que recordar que Chile apostó por una “COP azul” y gracias a ello al menos 39 países han ofrecido incluir el tema marino en sus futuros compromisos climáticos. Del mismo modo, se espera que en junio del próximo año en Bonn se discuta el fortalecimiento de los mecanismos de mitigación y adaptación relacionados a los océanos.

En resumen, la COP 25 será recordada como un espacio de polarización antes que de negociación y consenso. En la carrera por intentar detener el calentamiento del planeta por debajo de 1.5 grados centígrados esta COP ha sido una valla antes que un relevo y la meta está más lejana. En consecuencia, nuestras ya limitadas oportunidades para mantener la temperatura del planeta dentro de límites aceptables para nuestra propia supervivencia son ahora incluso menores.  Solo queda esperar que la presión de la sociedad civil organizada sobre la opinión pública y los gobiernos nos lleve a un escenario más propicio para alcanzar los ansiados compromisos en Glasgow 2020.

Sobre la COP:

La COP es la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) cuyo objetivo es impedir la interferencia “peligrosa” del ser humano en el sistema climático. Se denomina “Partes” a los países miembros de la Convención, que actualmente está integrada por alrededor de 200 países, incluido el Perú.

| Fuente: Andina

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