La cuestión de los juveniles

En términos generales, es bueno que haya abundantes juveniles en el mar; lo que es malo es que abunden en las bodegas.

Se ha abierto un debate -cinco años después de promulgado el DS 024-2016 PRODUCE- acerca de los resultados en la regulación relacionada con la pesca de juveniles de anchoveta. Es entonces una importante ocasión para evaluar y ajustar esta norma.

En términos generales, es bueno que haya abundantes juveniles en el mar; lo que es malo es que abunden en las bodegas. Hasta hace poco más de una década, por alta presencia de juveniles, se cerraban extensas áreas hasta por 10 o 15 días. Ahora, los cierres son relativamente pequeños en extensión y la forma rápida de cierre solo permite hasta cinco días.

Antes de la norma, las embarcaciones descartaban (botaban al mar) las calas que -consideraban- tenían demasiada anchoveta juvenil. Estudios del IMARPE en diversos periodos han estimado el volumen de ese descarte como proporción de las capturas.

Si esto sucedía, las lanchas cercanas evitaban hacer calas de pesca (y luego tener que descartar) y se movían una determinada distancia, hasta que se cerraba un área acotada por reportes de presencia de juveniles en los desembarques.

El aludido Decreto Supremo no ha sido tan eficaz como se pensaba. Ahora hay una mayor captura de juveniles que antes (incluida la descartada), resultado de un cambio en el comportamiento de la flota respecto a los juveniles debido a esta norma.

Cuando se empieza a reportar la presencia de juveniles (por lo tanto, con pesca) en una determinada zona, se amplían de manera significativa el número de lances de pesca en las horas previas al cierre, que es lo que toma el trámite burocrático administrativo correspondiente.

Hay también evidencias de que las áreas no son lo suficientemente extensas ni tampoco el periodo acotado, hasta cinco días de cierre en el procedimiento regular.

 pesca anchoveta
| Fuente: Redes sociales de pescadores embarcados

Es decir, ni el tamaño ni la duración de los cierres son suficientes para reducir las capturas de juveniles.

A ello se suma que la estimación de los juveniles capturados a lo largo de la temporada (es decir, que mueren porque fueron pescados) no considera la fracción de juveniles pequeños que se enmallan en las redes, como ha ocurrido en varias ocasiones. También se tiene que validar cuál es el volumen de esta ocurrencia, teniendo en cuenta que el programa de control de desembarques, presente en todas las plantas, registra mayor proporción de juveniles que en las bitácoras. Hay que tomar en cuenta que las condiciones y la metodología son diferentes en uno y el otro.

En el mismo sentido, también es importante probar modificaciones propuestas a las redes, así como procedimientos de verificación previo al cierre de la red que evite una mortandad extendida como la existente cuando ya la maniobra concluye.

Esta discusión es posible debido a la regulación y la documentación alcanzada en la pesquería de anchoveta, una de sus principales fortalezas. Ello posibilita estar discutiendo alternativas para la sostenibilidad de esta especie y, además, su impacto en el ecosistema. Usemos esa información para evaluar y ajustar, con transparencia, las regulaciones relacionadas a las capturas de juveniles de anchoveta.

Este año se ha ampliado el número de instituciones interesadas en la aplicación de esta regulación y en la organización y análisis de la información generada en las temporadas recientes. Ello ha posibilitado un mayor intercambio de resultados, conducentes a mostrar el incremento de la captura de juveniles. Corresponde pasar a la etapa de modificación regulatoria, que tome como base el debate técnico de las últimas semanas.

 

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