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Durante los últimos años, el crecimiento de la economía ha tenido una desaceleración constante. Adicionalmente, su flujo de inversiones es bastante menor al de Brasil, México, Colombia, Argentina y Chile, representando sólo el 3.72% del flujo de inversiones que vienen a Latinoamérica y el 0.4% del total del flujo a nivel global.

¿Qué debemos hacer para atraerlas nuevamente? ¿Debemos orientarnos a la exportación de productos primarios o a productos con mayor valor agregado? Este fue un tema tratado de dentro del Foro Industrial, organizado por la Sociedad Nacional de Industrias (SIN), con motivo de su aniversario.

De acuerdo al Banco Mundial, el 71% de las exportaciones del mundo en valor corresponden a productos manufacturados y, salvo algunas excepciones, la actividad industrial está presente en todas las grandes economías, por lo que necesitamos inversiones en actividades que generen valor agregado, sin descuidar los grandes proyectos mineros.

Las propuestas para atraer la inversión podemos mencionarlas en cinco grupos. El primero es modificar la regulación laboral para crear empleos formales, flexibilizando la contratación, fijando el salario mínimo en el Consejo Nacional de Trabajo -de acuerdo a criterios técnicos-, propiciar la negociación colectiva en lugar del arbitraje potestativo, flexibilizar el término de la relación laboral y extender los regímenes especiales de exportación no tradicional y agrario a los exportadores indirectos. En segundo lugar, contar con un régimen tributario competitivo con tasas adecuadas al nuevo contexto mundial. Tercero, contar con infraestructura de calidad que permita reducir costos logísticos e integrar las cadenas productivas regionales. Cuarto, establecer un marco regulatorio promotor de la creación de negocio, buscando calidad en las normas -más que cantidad-, implementando la eliminación de toda barrera burocrática y racionalizar las inspecciones de organismos regulatorios. Quinto, prevenir los conflictos sociales a través de un diagnóstico previo de potenciales riesgos y oportunidades en regiones o localidades donde se llevarán a cabo los proyectos de inversión, además de establecer reglas de juegos transparentes desde el inicio de las conversaciones entre todas las partes involucradas (Gobierno, empresariado, sociedad civil) -con el objetivo de que impere un solo mensaje-, promover que en el diálogo de las negociaciones prevalezca una estrategia “ganar-ganar”, con la finalidad de obtener el mejor resultado posible para todas las partes; así como atender de manera inmediata y con la debida celeridad los potenciales conflictos identificados por la Defensoría del Pueblo

Necesitamos un marco normativo flexible como los países desarrollados e institucionalidad y comportamiento ético de toda la sociedad en su conjunto. Para lograrlo, aparte del compromiso del estado, se necesita la participación de la sociedad civil a través de los gremios, empresas privadas, instituciones representativas, colegios profesionales y universidades. El reto es grande, pero los peruanos unidos sí podemos lograrlo.

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