De cómo el cono de tránsito se convirtió en héroe nacional

Un texto sobre la historia del cono de tránsito que nos enseña sobre la moral y las figuras heroicas en la vida cotidiana.

El 1 de octubre, el excongresista Carlos Tubino recibió el impacto de un cono de tránsito en la cabeza. Una secuencia de fotos, que rebotó por las redes, ha inmortalizado el momento y ha generado gran cantidad de memes y burlas de todo tipo. Entre bromas, el Cono ha ido adquiriendo una connotación heroica.  Se lo representa como una suerte de luchador por la patria y ha llegado incluso a proponerse, a modo de chiste, el 1 de octubre feriado por “el día del cono peruano”.

Aunque el Cono es festejado, no deja de reconocerse que la violencia está mal.  Incluso los mismos que festejan el Cono señalan que ellos no están de acuerdo con esa violencia.  La contradicción entre festejar el Cono de tránsito y aborrecer la violencia ejemplifica muy bien las aparentes contradicciones propias de nuestra psique.

Del mismo modo que el héroe clásico es aquel que logra cumplir las hazañas más increíbles ya sea por su gran habilidad, su gran poder, o su buena fortuna. El Cono se convierte en héroe porque logra hacer lo que muchos deseaban, pero no pueden (descargar mediante la violencia la cólera que el Congreso ha despertado en la mayoría de la población). Pero en el caso del Cono, a diferencia del héroe clásico, el impedimento para lograr dichos deseos es la propia conciencia moral de los sujetos. No es solo que lanzar ese cono y acertar sea difícil. Es también, y sobre todo, que la conciencia moral opera como una barrera para ejecutar dicha acción. El Cono, sin embargo, hace realidad ese deseo; pero lo logra solo porque puede tomarse como una broma. 

| Fuente: Correo

Ya que es un chiste, los sujetos, que se consideran morales, pueden reírse, elevarlo a la condición de héroe y al mismo tiempo seguir sintiéndose morales “después de todo es solo una broma inofensiva”. Entonces el Cono se vuelve una imagen heroica porque permite expresar los deseos que nuestra conciencia moral normalmente bloquea.  La broma lo hace tolerable pues podemos excusarnos en que, en tanto es chiste, no es verdad. De ese modo el Cono permite mantener la ficción de nuestra inquebrantable moralidad.

El Cono no es el único héroe de este tipo. En nuestra cultura abundan personajes que se convierten en ídolos justamente por sus trasgresiones. Así hay lugar, en clave de broma, para antihéroes como Deadpool y su irreverencia o más aún las populares series de narcos.  Tanto la ficción como la broma cumplen el mismo papel.  Hacen tolerables nuestros deseos, bajo ese velo que nos permite aceptarlos sin cuestionarnos por ello y hacen admirables al Cono, al antihéroe o al narco por igual.  Ellos representan, para muchos, lo que quisieran; pero su moral les prohíbe.

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