Paisana, paisano, cuando uno escucha la palabra ahorro, a veces la asocia con sacrificio, con apretarse el cinturón o con dejar de darse un gustito. Pero la verdad es que el ahorro tiene muchos aspectos positivos y que, en el Perú, contra lo que muchos creen, no lo hacemos mal, pero podemos mejorar.
Empecemos por una buena noticia. Como país, el Perú ahorra bastante. A nivel nacional, casi uno de cada tres soles que produce la economía se ahorra. Y eso es alrededor del 30% del PBI. Para ponerlo en simple, estamos a niveles comparables con Japón y muy, muy por encima de Estados Unidos y países europeos. No somos despilfarradores. Y si miramos a las familias, en los estudios de Arellano Consultoría para Crecer, cuatro de cada diez hogares peruanos declaran ahorrar. Y se estima que ahorran entre el 10 y el 14% de lo que ganan. Eso es un poquito menos de lo que ocurre en países desarrollados como Alemania, Francia o Suecia.
Pero no estamos tan lejos como podríamos pensar. Eso sí, paisano, paisana, nuestro ahorro tiene características especiales. 83% suele ahorrar para emergencias médicas, lo que refleja nuestro sistema de salud bastante deficiente.
Pero casi la mitad ahorra para objetivos concretos. Ahorrar para la refri, para el bautizo del bebé, para la máquina de coser o para mejorar la casa. Es un ahorro con nombre y apellido. Y eso es una muestra que el ahorro no es dejar de consumir, sino esperar para consumir mejor. Es como la fruta, uno puede comérsela verde o esperar a que madure y disfrutarla mejor después. Pero lo que sí es mejorable, paisana, paisano, es que muchos aún guardamos el ahorro en efectivo, en el colchón, que es fiel. No cobra comisiones y no quiebra. Pero el problema es que el dinero guardado así descansa. Descansa un poco demasiado.
Más bien, cuando el ahorro sirve para invertirlo, la historia cambia. Por ejemplo, entre ese 6 % de peruanos que entramos en una junta, algunos solo queremos ahorrar, pero otros lo hacemos para juntar capital y aplicarlo a nuestros negocios y proyectos. Y si ahorramos en cajas, cooperativas o bancos, ese dinero se prestará a quien lo necesita para invertir, producir y generar trabajo.
Sin duda, paisano, las condiciones de los ahorros y los préstamos pueden mejorar. Pero a diferencia del colchón, ahí el ahorro sí se vuelve verdaderamente productivo para el país. Pues el que ahorra gana intereses y el que recibe el préstamo puede multiplicar el dinero. Entonces, sigamos ahorrando. Que vamos bien, pero preguntémonos, ¿qué podemos hacer usted y yo, paisano o paisana, para que nuestro ahorro no solo nos dé tranquilidad, sino también ayude a que otros crezcan y que el Perú avance?
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