Crónicas sobre el futuro humano en Davos 2026

El Foro Económico Mundial de Davos 2026 ha dejado de ser una simple reunión de élites financieras para convertirse en el epicentro de un debate fundamental sobre nuestra propia naturaleza y el destino de nuestra especie. Bajo el lema "Un giro en la inteligencia humana", la cumbre de este año ha estado marcada por una tensión dialéctica sin precedentes entre el optimismo tecnológico desenfrenado y una profunda cautela existencial. Veamos.

Crónicas sobre el futuro humano en Davos 2026
Crónicas sobre el futuro humano en Davos 2026 | Fotógrafo: Foto de Luis Quintero en Pexels.com

Empresarios y académicos, como Elon Musk, Jensen Huang, Yuval Noah Harari y Max Tegmark han delineado un mapa del mañana donde la Inteligencia Artificial (IA) ya no es vista como una mera herramienta de apoyo, sino como un agente autónomo capaz de rediseñar los cimientos de la civilización. Para el observador que intenta descifrar estos cambios desde una realidad marcada por brechas estructurales, como la peruana, entender este debate no es solo un ejercicio académico, sino una necesidad de supervivencia intelectual en un mundo que parece estar perdiendo su tradicional centro de gravedad humano.

La advertencia más inquietante ha venido de la mano del historiador Yuval Noah Harari, quien sostiene que estamos ante el fin del monopolio humano sobre el lenguaje y la creación de mitos. Al definir la IA como un "agente" y no como un simple "utensilio", Harari nos recuerda que, a diferencia de un cuchillo que no decide qué cortar, la IA actual puede aprender, cambiar y tomar decisiones por sí misma. En Davos, el autor de Sapiens describió a estos sistemas como "inmigrantes de las palabras" que no necesitan pasaportes para cruzar fronteras y colonizar nuestra cultura, nuestras leyes y hasta nuestras religiones. Harari advierte que hemos "hackeado" el sistema operativo de la civilización: el lenguaje. Si la identidad humana se ha basado históricamente en nuestra capacidad de pensar y comunicarnos, la emergencia de una inteligencia no biológica que domina el discurso con mayor eficacia que nosotros nos sitúa ante una crisis de identidad sin precedentes. La pregunta que flota en el aire es qué quedará de nuestra soberanía cuando la mayoría de los pensamientos que circulan en nuestras mentes tengan su origen en un algoritmo externo.

Desde la perspectiva de la infraestructura y el capital global, Jensen Huang, CEO de NVIDIA, ha presentado una visión mucho más pragmática y esperanzadora, aunque no menos radical en sus implicaciones. Para Huang, la IA representa la "nueva electricidad", un cambio de plataforma que ocurre una vez cada generación y que está impulsando la mayor construcción de infraestructura en la historia de la humanidad. Su tesis central es que estamos transitando de un software "estático", escrito línea a línea por humanos, a una inteligencia generada en tiempo real que entiende la información no estructurada de la naturaleza, desde las complejas secuencias de proteínas hasta los patrones climáticos más erráticos. Huang desafía el temor al desempleo masivo argumentando que la IA potenciará el propósito de las profesiones: un médico o un ingeniero que utilice IA podrá dedicar más tiempo al juicio crítico y al trato humano, aumentando la demanda y la productividad. Para las naciones en desarrollo, esta "democratización del conocimiento" podría cerrar brechas históricas, permitiendo que cualquier persona sea un creador de soluciones tecnológicas simplemente conversando con la máquina en su lenguaje natural.

Sin embargo, el optimismo industrial de Huang choca frontalmente con las proyecciones temporales de Elon Musk, quien en un diálogo revelador aseguró que para finales de 2026 estaremos interactuando con una inteligencia que superará la capacidad de cualquier ser humano individual en prácticamente todas las tareas cognitivas. Musk visualiza un futuro de "abundancia radical" donde miles de millones de robots humanoides realizarán el trabajo físico y logístico, eliminando teóricamente la pobreza global, pero planteando un dilema aterrador sobre el propósito de la vida. Si las máquinas pueden hacerlo todo mejor, más rápido y más barato, ¿qué sentido tendrá el esfuerzo personal o la chispa de la creatividad? Esta visión, centrada en la "conciencia multiplanetaria" y la expansión de la luz del conocimiento más allá de la Tierra, nos obliga a considerar si estamos preparados para vivir en un mundo donde seamos, como él mismo sugiere, “espectadores biológicos" de una inteligencia de silicio infinitamente más vasta. La preocupación de Musk no es solo la eficiencia, sino la preservación de la voluntad humana frente a la potencia de cálculo.

El debate técnico sobre el "problema de la alineación" fue profundizado por el cosmólogo Max Tegmark, quien, junto a Harari, subrayó la urgencia de establecer estándares de seguridad globales similares a los que rigen la industria farmacéutica o la aviación. Tegmark advierte que construir una superinteligencia sin mecanismos de control robustos es, posiblemente, el error más costoso que podríamos cometer como especie. La distinción entre "control" (tener poder sobre la máquina) y "alineación" (lograr que la máquina comparta genuinamente nuestros valores) es el nudo gordiano que Davos no ha logrado desatar. La propuesta de prohibir que las IA tengan "personería jurídica" o que se hagan pasar por humanos surge como una defensa necesaria contra la posibilidad de que agentes financieros autónomos operen sin supervisión, capaces de colapsar mercados o manipular procesos democráticos mediante una complejidad matemática inalcanzable para el cerebro biológico. En este escenario, la regulación no es un freno a la innovación, sino la salvación para el orden social.

En todas las discusiones de Davos 2026, la línea roja sigue siendo la conciencia. Mientras que la IA puede imitar el amor, el dolor o la fe mediante el ensamblaje estadístico de datos, carece por completo de la experiencia subjetiva que nace de la vulnerabilidad y la finitud. El desafío para sociedades como la nuestra no es solo competir en capacidad de procesamiento o en la adopción de nuevas herramientas, sino en fortalecer nuestra "sabiduría encarnada". El futuro de la humanidad dependerá de nuestra decisión de seguir siendo los protagonistas de nuestra propia historia, y no sombras proyectadas por una inteligencia que, aunque deslumbrante, carece de alma.

NOTA: “Ni el Grupo RPP, ni sus directores, accionistas, representantes legales, gerentes y/o empleados serán responsables bajo ninguna circunstancia por las declaraciones, comentarios u opiniones vertidas en la presente columna, siendo el único responsable el autor de la misma.

Jefe del Departamento de Filosofía y Teología de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM). Es Dr. (c) en Humanidades por la Universidad de Piura y maestro en Filosofía por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Autor del libro "La trama invisible de lo útil. Reflexiones sobre conocimiento, poder y educación" y de numerosos artículos académicos vinculados a la historia de las ideas, con énfasis en la historia conceptual, y en las relaciones entre conocimiento y sociedad en el Perú y América Latina.

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