La guerra de Trump

Mientras China sentó las bases de un desarrollo exponencial, EE. UU. se enfrascó en sus guerras de medio oriente. Hoy Trump aplica su muro proteccionista y espera que China sufra la recesión global. ¿Ganará esta guerra? ¿Cuál será el precio que todos pagaremos?

Cuando llegó Ronald Reagan al poder de los Estados Unidos en 1980, el objetivo de su mandato era claro: terminar con la Guerra Fría y con la Unión Soviética. Hoy, cuando vemos el actuar de la administración de Trump, podemos observar que el objetivo actual es terminar con la amenaza geopolítica y geoeconómica de China y su evidente poder en siglo XXI, contrario a los intereses norteamericanos.

El 31 de diciembre de 1991 se ponía fin a la Unión Soviética y con ella, el mayor experimento de ingeniería social también llegaba a su término. Años antes, al otro lado del Pacífico, desde 1979, China había comprendido cuáles habían sido los errores económicos del socialismo bolchevique, que tenían consecuencias en el plano social y en la estabilidad política. El primer error, sin duda, fue haber asumido que el estado podría centralizar de forma absoluta la producción y la distribución de bienes y servicios. El otro error económico de la URSS fue el haber especializado su producción en el ámbito militar y aeroespacial, descuidando la producción doméstica masiva. Todo ello, haciendo poco competitiva a la economía soviética respecto a las otras economías de Occidente.

Al colapso de la economía soviética le precedieron dos décadas de estancamiento que fue aprovechado por los Estados Unidos ¿Podía la URSS soportar la presión de la competencia total desencadenada por los Estados Unidos? No podía. Un sistema económico centralizado en una sola unidad de producción no estaba en condiciones de una competencia integral. Tampoco estaba en condiciones de garantizar la modernización de su economía.

Cuando se hicieron del poder Reagan y los neoconservadores, la presión se hizo evidente. Ni la Perestroika ni la Glasnot pudieron evitar la debacle final. El orden extenso de la economía de mercado y su capacidad de articular a los diversos centros de oferta, había sido más eficiente que la centralización burocrática bolchevique.

Ambas potencias están jugándose la hegemonía económica global, dicen los expertos. | Fuente: iStock

En 1991 se disolvía la Unión Soviética. Pero también, tras una década de reformas de mercado (impulsadas por Deng Xio Ping, hacia 1979), China se estaba convirtiendo en la factoría de la tierra. Primero como centro de exportación de industrias ligeras, aprovechando su abundante sobreoferta laboral. Luego, recibiendo la transferencia tecnológica de occidente y de Japón. Esos dos procesos fueron fundamentales para la economía y sociedad China. Sentó las bases de un desarrollo exponencial que, junto a políticas de estado en educación y fomento de la ciencia, posibilitaron la revolución tecnológica e industrial que ha venido viviendo China desde 1995. Mientras eso ocurría, los Estados Unidos estaban enfrascados en sus guerras de medio oriente.

El 2020 era el año de inflexión. China se convertiría en la primera potencia del mundo. Con lo que la humanidad iba a vivir un viraje insospechado hace un siglo: el paso hegemónico de Occidente a Oriente.

La guerra de Trump está en ese contexto. El creciente proteccionismo de los Estados Unidos, sobre todo respecto a la producción China, busca ocasionar una eventual recesión global que afecte no solo a la economía del mundo. Sino, sobre todo, a la economía china. Es decir, se trata del uso controlado de la recesión como arma bélica. Trump está esperando que la economía china sufra los efectos de una recesión global que afecte a sus exportaciones y quiebre las cadenas productivas de China y genere un problema social.

Estados Unidos puede permitirse aislar su economía por un tiempo, pues su actividad productiva está fuertemente diversificada. Sin embargo, el muro proteccionista de Trump no puede mantenerse de forma indefinida. En todo caso, la pugna entre ambas superpotencias tendrá como ganador quien pueda soportar presiones por la mayor cantidad de tiempo. En este contexto, Trump ha creado las condiciones para su propia guerra. ¿La ganará? ¿Cuál será el precio que todos debemos pagar? Hoy eso es una incógnita.

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