Con frecuencia, paisana, paisano, escuchamos noticias sobre tesis universitarias mal hechas, tesis plagiadas o incluso inexistentes, presentadas por personajes públicos. Quizás algunos pensemos que eso no nos concierne porque no somos universitarios, pero si le damos una mirada positiva al tema, veremos que tienen gran importancia para todos.
Primero que todo, una tesis universitaria es, en esencia, una especie de examen final que certifica la calidad de la formación recibida por un estudiante. Una buena tesis de medicina; por ejemplo, es una señal clara de que el médico que la va a atender a usted, paisana, o a sus padres, sabe cómo curar enfermos y salvar vidas.
Además, hacer una tesis implica profundizar, hacerse experto en un tema. Si alguien investiga sobre el uso de internet en las escuelas primarias, se espera que luego pueda opinar y aportar para mejorar la educación que recibirán, paisana, paisano, sus hijos, sus nietos. Y para hacer esta investigación, debe usar los métodos científicos para luego seguir aportando conocimiento en el futuro.
Por otro lado, con la tesis universitaria se concreta el aporte del estudiante y de la universidad al bienestar de la sociedad. Si en las clases un ingeniero aprende cómo construir paredes, en su tesis puede proponer mejoras para que esas paredes resistan mejor los sismos. Por eso, todos los países exigen tesis, porque con ellas se mejora la vida de la sociedad.
Visto así, una buena tesis debe cumplir tres condiciones básicas. Debe ser elaborada por el propio alumno para certificar su calidad profesional. Debe evidenciar un conocimiento profundo del tema con citas y referencias adecuadas. Y debe ser original, aportando algo nuevo que ayude a la sociedad a avanzar.
Por eso, cuando alguien defiende malos trabajos académicos apelando solo a formalismos o a legalismos, está ocultando lo esencial. Una tesis es, sobre todo, un compromiso moral con la sociedad. Y cuando se discute si la responsabilidad de presentar una mala tesis es del tesista o de la universidad que lo gradúa, se olvida que esa responsabilidad no se divide ni se diluye, sino que se duplica.
Si una buena tesis honra al estudiante y a la universidad, una mala tesis hace quedar mal a ambos. Entonces, paisana, paisano, sabiendo que las buenas tesis son la prueba evidente de los buenos profesionales formados por las buenas universidades, ¿no cree que usted y yo debemos exigir mejores tesis, valorar la investigación y así fortalecer la educación universitaria que el país necesita?
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