¿Educación prohibida?

El Perú necesita una educación que no considere a los estudiantes como recipientes vacíos, sino que los incorpore al gobierno escolar, una educación en la que los padres y madres tengan un rol directo y en la que los docentes trasciendan el currículo.

En el 2012, German Doin (Argentina) sorprende con el estreno de su documental “La Educación Prohibida. Nuevos paradigmas educativos en América Latina”, un magnifico ensayo audiovisual que condensa importantes cuestionamientos a los sistemas educativos de los países de la región, con los que coincido sinceramente. El inicio y la finalidad de lo que sería hoy el sistema escolarizado está en cuestión, por producir una educación segmentada y estructurada por grados, edades y materias que pretende “moldear” personas para que alimenten la maquinaria capitalista, la demanda laboral y “muevan las industrias”. Por eso se pretende que todos transitemos de igual forma por las aulas y nos convirtamos sumisamente en buenos productores y consumidores del sistema capitalista. En ese sentido, la educación básica será la vía para el progreso, para el cambio de rumbo, para salir de pobres, para ser “alguien en la vida”, alguien mejor que nuestros padres y madres.

No hay límites para el aprendizaje, por lo tanto, la educación es una vivencia permanente y dichosa, profunda y radicalmente democrática, que convierte a la escuela en lugar de encuentro y no de sometimiento. | Fuente: Andina / Archivo

¿Podemos evitar de alguna forma este destino para nuestros niños, niñas y jóvenes? ¿Podría replantearse el sentido de la educación? ¿Puede modificarse el sistema educativo? Sí es posible. Son varias las experiencias de resistencia y alternativa que se vienen desarrollando en nuestro país y en Latinoamérica, lejos de Finlandia y de Japón, y es que, en nuestro Perú diverso las recetas caseras suelen ser las mejores, aquellas nacidas de la experiencia e inclusive del error. Los llamados colegios alternativos vienen ofreciendo creativamente otros modelos educativos, y con el mismo afán, algunas pequeñas escuelas en los Andes y en la Amazonía, empeñadas por hacer de la educación una experiencia gozosa, fascinante, significativa y consistente con sus cosmovisiones. Estas experiencias ponen en cuestión la llamada modernidad y a nado de contracorriente construyen con los estudiantes y familias comunidades educativas “otras”.

El carácter prohibitivo de estos modelos educativos alternativos, está precisamente en hacer lo contrario a lo impuesto por el sistema escolar tradicional y caduco, por ejemplo: Hay gobierno escolar y los estudiantes son parte de él; los padres y madres tienen un rol directo en la educación de sus hijos e hijas; trascienden el currículo para pedagogizar las experiencias cotidianas; los docentes son maestros y a la vez aprendices; los textos se crean y no solo se usan los que ofrecen las grandes empresas editoriales; el conocimiento de los estudiantes tiene valor y no se les concibe como recipientes vacíos; los muros de las escuelas se derrumban simbólicamente para vincularse con las comunidades; no existen en las aulas temas prohibidos ni vetados; y le sigue un largo etcétera.

La educación prohibida hace posible el conocimiento, es crítica y cuestionadora, por lo tanto, es eminentemente científica en su sentido más extenso. En la educación prohibida todos tenemos algo que aportar para transformarnos a nosotros mismos y a nuestros entornos. En ese sentido, no hay jerarquías, sino roles que ejercemos y alternamos éticamente. No hay límites para el aprendizaje, por lo tanto, la educación es una vivencia permanente y dichosa, profunda y radicalmente democrática, que convierte a la escuela en lugar de encuentro y no de sometimiento.

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