Armas “no letales” para los serenos: ¿Es la solución?

Una de cada cuatro personas ha sido víctima de la delincuencia en el Perú. Esta angustiante cifra nos presiona a luchar con fuego contra el fuego. En el Congreso lo saben. Han dado un primer paso para darles armas “no letales” a los serenos. Con esto, por fin, se acabará la delincuencia, ¿cierto? No, en realidad, no.

Las armas “no letales” buscan incapacitar temporalmente a una persona. Se usan para evitar que el conflicto escale, controlar masas, ejercer defensa personal, evitar escapes, etc. Las más comunes son las pistolas a balas de goma y los generadores de voltaje (más conocidos en el Perú como paralyzers).

La constante inseguridad en el Perú ha creado un negocio en base a estos implementos. Este año se ha proyectado que los peruanos gastaremos 60 millones de soles en ellos, un 40% más que el año anterior, según el Diario Gestión.*

El universo de armas “no letales” es tan diverso como creativo. En Estados Unidos la policía cuenta con un spray que arroja espuma inmovilizante (seca casi al instante limitando la movilidad del sujeto, lo que hace fácil atraparlo). Hay también armas que aturden (como bombas de luz y/o sonidos), emisores de ondas microondas con el mismo objetivo, así como otras armas “no letales” que disparan redes y bombas apestosas.

Frente a los avezados, los serenos armados podrán hacer poco y, por el contrario, se expondrán a mucho. | Fuente: Andina

Lejos de creer que las armas “no letales” son la solución, es importante plantear seis aspectos en torno a esta propuesta de ley aprobada por la Comisión de Defensa y Seguridad Ciudadana hace pocos días.

Primero, debemos llamarlas armas menos letales, no armas “no letales”. Por ejemplo, los mismos fabricantes de generadores de voltaje han reconocido que pueden causar muerte contra personas que usen marcapasos.

Segundo, lo “menos letal” puede causar daños graves. Al respecto, la preocupación principal está en las pistolas con balas de goma. Sus proyectiles varían en tamaño (3 a 5 centímetros) y peso (5 a 40 gramos), y la fuerza del impacto es alta. Las balas de goma viajan a más de 400 kilómetros por hora y pueden causar daños severos, especialmente en zonas blandas del cuerpo. Y si a alguien no le preocupa la vida de un delincuente, piense en los posibles daños colaterales (transeúntes cualquiera).

Ya en el 2015, Amnistía Internacional puso la voz de alerta. Afirmaron que las armas no letales usadas por la policía afectan derechos humanos, pueden causar fuertes daños a la salud e incluso pueden propiciar casos de tortura. Desde su punto de vista, algunas de estas armas deben ser eliminadas y otras empleadas solo bajo estricta regulación.

Tercero, las armas menos letales desnaturalizarían la función civil del Serenazgo. Hace un par de años, ya lo había advertido el IDL. Coincido. Desnaturaliza su rol al introducir un componente de control mediante el uso de la fuerza y posible letalidad.

Cuarto, creo que los serenos pueden y deben usar ciertas armas menos letales, pero no otras (como las pistolas con balas de goma y quizás los generadores de voltaje). La espuma movilizante o los lanzadores de redes los considero viables. Todo esto debe acompañarse de regulación adecuada, capacitación, supervisión, apoyo psicológico para serenos, bajo un claro enfoque de derechos.

Pero el quinto punto es más elemental. ¿Es que la delincuencia existe o prolifera porque justamente los serenos se pasean con pitos y no con armas menos letales?

Las causas de la delincuencia son otras. Sus soluciones también. Si hay gente robando en moto, hay que identificar los patrones de rutas y anticiparlos. Si hay ladrones que arranchan carteras, las cámaras de seguridad deben estar interconectadas, detectar estos hechos automáticamente (se puede con ciertos algoritmos de inteligencia artificial) y atraparlos. Nada de esto se logra dándole balas de goma a los serenos.

Aquí viene un sexto punto importante. Las armas menos letales son útiles cuando el delito ya se ha cometido. No son armas preventivas. Son reactivas. Y esa capacidad para saber reaccionar, manejar un arma, saber apuntar y accionarla, no se logra ni con un mes entero de capacitación. Se logra con la práctica. Mucha práctica. Y particularmente, uno no entra a ser sereno con la previsión de quedarse cinco años en la labor. Es un trabajador muy inestable laboralmente.

Entonces, ¿para qué sirven las armas menos letales? Hace unos años, un sereno lo explicó muy bien durante una mesa de trabajo organizada por la Defensoría del Pueblo: “Esas armas [menos letales] sirven para tumbar al borrachito que quiere romper la luna del banco”.

Frente a los avezados, los serenos armados podrán hacer poco y, por el contrario, se expondrán a mucho. En contextos como este, cuando sea evidente que las armas menos letales fracasaron, surgirá la tentación de autorizar por ley que los serenos empleen armas de fuego. Esta posible situación futura, ya la vimos en el pasado. En el 2014, lo sugirió el grupo parlamentario Gana Perú (http://bit.ly/1QcSChq).

Es positivo debatir sobre el uso de armas menos letales. Lo incorrecto es creer que esto soluciona un problema (inseguridad, victimización y percepción de riesgo) que necesita de múltiples enfoques y diversos actores. El serenazgo es uno de ellos. No el principal.

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