River Plate y Boca Juniors tendrán que jugar la final de la Copa Libertadores en Madrid. | Fuente: Planeta Boca Juniors ‏

La Copa Libertadores de América se jugará en Europa. River Plate no podrá definir la final en su estadio. Boca Juniors tendrá que jugar, pese a que sustentó un reclamo ante Conmebol por la agresión sufrida. La mayoría de los hinchas que compraron sus entradas tendrán que conformarse a que les devuelvan su dinero y ver su superclásico por TV. Sudamérica demostró que no puede organizar un evento de esta magnitud. En esta final en el Santiago Bernabéu no habrá ganadores, solo un amargo trofeo que nos demostrará que la violencia está matando el fútbol.

"Nos estamos dejando robar el clásico. Nos están robando algo tan argentino como si dijeran que mañana no se puede bailar tango", dijo acertadamente Gustavo Alfaro, técnico de Huracán. Pero no solo a Argentina le quitaron el River Plate – Boca Juniors. Se lo quitaron a Sudamérica, se lo quitaron a los hinchas, a los buenos hinchas. Y la Conmebol se la dio al mejor postor, al que más ingresos económicos le asegura.

El Santiago Bernabéu tiene capacidad para 80 mil espectadores. Las entradas tendrán un costo aproximado de 80 euros, las más baratas, y 300 las más caras. La televisión y los auspiciadores tendrán su partido. No habrá acuerdos incumplidos. La Conmebol cumplió con los que tiene la obligación de cumplir.  "Aunque todo falle y vaya cada vez peor, al final siempre gana la televisión", escribió Juan Villoro en su libro Dios es redondo. Y tiene razón.

Acostumbrados a impecables espectáculos deportivos, donde prima el orden y el hinchaje moderado, España acogerá una inédita final de Copa Libertadores. Por un momento el Santiago Bernabéu vivirá una auténtica fiesta en sus tribunas, una pasión tan sudamericana que lleva a cantar y alentar a los suyos durante los 90 minutos. La fiesta también se la llevó Madrid.

Si algo se puede sacar como enseñanza o lección, esta el hecho de sentar las bases para que la Conmebol sea más estricto en sus sanciones, los hinchas se den cuenta que el amor por una camiseta no puede llevarlos a agredir al rival y los clubes no lleven un partido de futbol más allá de un campo de fútbol.

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