Dejar la comodidad e ir a las periferias con el Evangelio, pide el Papa

Padre Clemente nos dice que es tiempo de caminar y a recorrer los caminos del mundo con el Evangelio en el corazón, en la mente y en los labios.
Lima
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Reflexiones del P. Clemente Sobrado:

 

Queridos amigos: los Discípulos no pudieron despedirse de Jesús cuando murió en la Cruz. Sólo uno de ellos y la Madre y algunas mujeres pudieron darle el último adiós. Posiblemente pensaron que lo habían perdido para siempre, hasta que la Resurrección se lo devolvió vivo.

 

Ahora en la Ascensión, Jesús los cita a todos al último encuentro y ellos pueden ser ya los testigos vivos del que muerto, resucitado, ahora vuelve al Padre y a su condición divina.

 

Resulta curiosa esa despedida. Muchos de ellos todavía seguían “dudando”, todavía su fe es débil y frágil. Y sin embargo, Jesús se fía de ellos y les deja, como último testamento, y en herencia, continuar su propia misión. “Id y haced discípulos de todos los pueblos”.

 

Primero se fía de ellos incluso en su debilidad y flaqueza.

 

En segundo lugar, los pone en camino. Nada de quedarse ni a llorar su ausencia, ni a descansar. Es la hora del envío. Es la hora de los caminos del mundo. Mientras él apenas salió de las fronteras de Israel, a ellos les encomienda el mundo entero: “haced discípulos de todos los pueblos”. 

 

No les dijo: esperen y a los que los busquen anúncienles el Evangelio. Por el contrario, vayan ustedes a buscarlos. Salgan al encuentro con todos los hombres, ahora ya no hay ni judíos ni griegos. Ahora es la hora de la humanidad entera. Vuestra patria es el mundo. 

 

La primera lectura de los Hechos de los Apóstoles grafica muy bien este envío: “Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?” Ya no es la hora de mirar al cielo, sino de mirar a la tierra, mirar a los hombres de todos los pueblos. 

 

El Papa Francisco nos dirá: “todos somos invitados a aceptar el llamado: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio”. (GE 20)     

 

Y en tercer lugar les deja como una especie de secreto: “Sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. Seréis vosotros los que caminéis, pero no lo haréis solos. Yo caminaré a vuestro lado. “Estoy con vosotros”. 

 

Bonita manera de decirnos también hoy a todos nosotros: “Cristianos, ¿qué hacéis mirando al cielo? A caminar, a recorrer los caminos del mundo con el Evangelio en el corazón, en la mente y en los labios.