Flor de María Mejía y Marina Bustamante: mujeres de éxito

Ser empresaria ya no es una opción, es una necesidad, y se debería tomar la iniciativa y decidirse a hacerlo.
Patricia Arriola

Todas las mujeres tienen su propia historia, y esta es quizás la historia de dos mujeres emprendedoras que sobresalieron con empuje y resolución en una actividad productiva donde predomina la mano de obra masculina.

El destino de Flor de María Mejía, natural de Ilo, se selló hace aproximadamente ocho años cuando compró un terreno abandonado por el que nadie apostaba, para gestar su futuro como empresaria y agricultora de olivo.

Tuvo en contra los comentarios de la gente que la animaba a desistir de su proyecto, además de las plagas de la zona que sin compasión suelen destruir cuanto cultivo está a su alcance si no se toman las medidas preventivas del caso.

Tras cuatro años de esfuerzo, hoy es propietaria de la empresa Agro Industria Poquera EIRL, que cultiva olivo orgánico. Junto a un buen equipo de profesionales, y de su familia, han logrado combatir las plagas y hacer uso de buenas prácticas agrícolas (sin usar insumos químicos), están logrando rescatar el verdadero sabor del olivo en sus derivados de aceitunas frescas, prensadas y aromáticas, además del aceite de oliva para el consumo nacional y exportación.

En el caso de Marina Bustamante, propietaria de la empresa Renzo Costa, empezó a los 17 años, después de terminar el colegio. Su padre se opuso desde un inicio pues tenía el convencimiento que los negocios eran solamente para hombres.

Empezó alquilando su primera tienda en La Gran Vía, en el centro de Lima, para ofrecer artículos de cuero para dama. Su negocio fue el más franciscano y modesto de ese centro comercial, y aun así logró sobresalir. Su marca, Renzo Costa, el nombre de su hijo, logró empoderarse en ese rubro del cuero.

Pese a las adversidades que encontró a lo largo de su juventud, pues nadie quería arriesgarse de alquilarle un local por el temor que no pudiera cumplir con el pago, ella supo abrirse camino. Diez años estuvo en ese local del Jirón de la Unión, hasta que luego empezó a comprar más locales. Nunca dudó de su capacidad.

Hoy comparte su éxito con aquellas personas que están postergadas de su libertad por una razón u otra, pero tienen la posibilidad y oportunidad de empezar como ella en este negocio del cuero. Desde hace unos tres años lidera el proyecto “Manos invencibles” con hombres y mujeres del Centro Penitenciario Ancón II.

“Ser empresaria ya no es una opción, es una necesidad, y se debería tomar la iniciativa y decidirse a hacerlo. En el camino se encontrarán muchas piedras y espinas, pero la idea es hacer lo que a uno le gusta y lograrlo”; agregó Flor de María Mejía.

“Lo mejor de ser empresaria es que tienes una posibilidad de trabajo de por vida y hacer las cosas que te gusta, cumplir con tus sueños, y con eso basta y sobra si lo estás haciendo bien. Lo bueno es que cada día es diferente al otro. El mañana es un día nuevo y diferente, una dinámica maravillosa”; complementó Marina Bustamante.

Escucha aquí la entrevista completa.

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