En época de crisis son muchos los chinos que se decantan por la comida rápida de firmas occidentales: en una mano un refresco, en la otra una hamburguesa y así el plan familiar del fin de semana resuelto en una China en la que los efectos de la coyuntura económica negativa hacen estragos entre la población.

Desde hace unos años firmas estadounidenses como McDonald"s o KFC se multiplican como una epidemia por Pekín. Un negocio que a estas alturas ya no tiene freno y que la propia crisis no sólo no logra detener, sino que más bien lo impulsa.

McDonald"s ha sabido sortear con éxito los avatares de la crisis y el mes pasado anunció que abrirá 175 nuevos restaurantes en el gigante asiático.

Se trata, según sus responsables en China, del mayor plan de expansión en un país nunca antes llevado a cabo por la firma estadounidense.

"Yo voy como mínimo una vez a la semana", explica a Efe Xu Xiaoyuan, una joven china que dice acudir a estos locales desde los tres años porque "a mi madre le gustan más que a mi".

Rápidos, económicos, abiertos a veces las 24 horas del día, estos restaurantes no sólo representan el premio que otorgan los padres a los niños por sus buenas notas en el colegio, sino un lugar predilecto de reunión entre adolescentes, al igual que en muchas partes del mundo.

Xu, por ejemplo, nunca ha tenido muchas dificultades en acudir a ellos porque, según dice, "cuando estaba en el colegio iba con mis compañeros, ya que teníamos un McDonald"s enfrente y en la universidad había unas cuantas cadenas para elegir".

Burger King, McDonald"s, KFC, Pizza Hut, Taco Bell, e incluso la guatemalteca Pollo Campero, todas compiten entre sí.

Los expertos en alimentación se echan las manos a la cabeza y advierten a través de la prensa de la importancia de hacer frente a esta industria alimentaria que está creando lo nunca visto en la historia del gigante asiático: generaciones de niños obesos.

En China, un país donde las personas son más bien de constitución delgada, en el año 2007 ya existían 20 millones de obesos entre niños y adolescentes, según datos publicados por la prensa oficial.

Una cifra alarmante que los dietistas intentan frenar a toda costa. Entre las medidas que proponen está la de suprimir los espacios publicitarios de estas compañías en televisión donde aprovechan los horarios infantiles para bombardear las cabezas de los niños con lonchas de tocino, crujientes patatas fritas y mostaza.

"El 30 por ciento de los anuncios en esa franja horaria (de seis a nueve de la noche) son de comidas y bebidas y la mayoría pertenecen a este tipo de establecimientos", explica el periódico "Daily News" en un estudio publicado sobre este asunto.

La preocupación de China por la muchas veces denominada "comida basura" queda reflejada en la forma en la que se imparten las asignaturas de lengua inglesa. Los profesores aprovechan estas clases para inculcar a sus alumnos lo perjudiciales que pueden resultar estos alimentos.

Sin embargo, los esfuerzos no parecen dar sus frutos, ya que a pesar de que "cada día se intentan inculcar sus desventajas, al mismo tiempo se abren más y más restaurantes", apunta el diario chino.

Lo que hace dos décadas era una novedad a degustar de tanto en tanto hoy se ha convertido para muchos en una opción principal por sus precios irrisorios para afrontar la crisis, aunque no deja ser un evidente efecto de la globalización.

Por 1,5 euros (dos dólares) el cliente puede disfrutar de un menú Big Mac, mientras el consumo diario de esta comida desbanca poco a poco a los tradicionales restaurantes de la cocina milenaria china, uno de los símbolos más extendidos y conocidos en el mundo de la cultura de China. EFE