Los padres de los 43 estudiantes desaparecidos en Iguala, México, no cesan en la búsqueda de los restos de sus hijos.

Escarbando la tierra, los deudos y miembros de la Unión de Pueblos y Organizaciones de Guerrero (Upoeg) han hallado 10 fosas clandestinas, siete de ellas con restos óseos y las otras con ropa que tenía sangre impregnada.

Los familiares de los 43 alumnos de la Escuela Normal de Ayotzinapa, desaparecidos desde hace casi dos meses, aseguran que Iguala es un “cementerio clandestino”.

El 26 de septiembre pasado, policías municipales atacaron a tiros a los jóvenes presuntamente por órdenes del entonces alcalde de Iguala, José Luis Abarca, con un saldo de 6 muertos y 25 heridos.

Además, esa noche 43 alumnos de la Escuela Normal de Ayotzinapa fueron detenidos por los policías y entregados al cártel Guerreros Unidos, quienes se encargaron de asesinarlos e incinerarlos para borrar su rastro, de acuerdo con las declaraciones de tres miembros del grupo criminal detenidos.

Esta versión no es aceptada por los padres de los estudiantes, quienes están a la espera de los resultados de las pruebas genéticas que realiza un laboratorio de Austria a los restos óseos hallados en un basurero del municipio de Cocula, vecino a Iguala.