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El sínodo de obispos sobre la familia aprobó un documento final que no consiguió la mayoría de dos tercios de votos para una posición unificada sobre el tratamiento que debe dar la Iglesia Católica a homosexuales y divorciados.

No obstante, el papa Francisco quiso que el documento, también con los tres puntos que no alcanzaron la mayoría, fuera publicado por completo, para continuar el debate, a pesar de las divisiones, en el próximo Sínodo.

Entre ellos, el punto 52, en el que se proponía estudiar un camino penitencial para que los divorciados que se han vuelto a casar pudiesen recibir los sacramentos, fue el que más votaciones en contra tuvo, pero finalmente fue aprobado por 104 votos a favor y 74 en contra.

Lo mismo ocurrió con el punto 53 (112 a favor y 63 en contra) que instaba a continuar estudiando la posibilidad de que los divorciados que han vuelto a casarse puedan recibir "la comunión espiritual" o "por qué no pueden recibir la comunión sacramental".

La mayoría también aprobó, aunque hubo 62 votos en contra, que "los hombres y las mujeres con tendencias homosexuales deben ser acogidos con respeto y delicadeza" y que se "evitará cualquier marca de discriminación".

A pesar de estas divisiones, el gran denominador común, como ya reflejó el mensaje de clausura también aprobado por los obispos durante la mañana, es que la Iglesia debe ser "una casa con la puerta siempre abierta, recibiendo a todos sin excluir a nadie".

En la ceremonia de este domingo también fue beatificado Pablo VI (1897-1978), a quien se debe la creación del Sínodo de los obispos.

A la misa de clausura del Sínodo y beatificación de Pablo VI asistieron decenas de miles de personas, sobre todo desde Brescia, localidad natal del pontífice, y desde Milan, la ciudad de la que fue arzobispo, que llenaron la plaza de San Pedro.

También participó el papa emérito Benedicto XVI, que fue nombrado cardenal por Pablo VI, y cerca de los 200 participantes en el Sínodo de estos días.

Con información de EFE