Kim Jong Un

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La última semana completa del 2019 nos invita a formular un balance de lo vivido durante el año que termina y a buscar razones de esperanza para el año que se acerca. Según la encuesta de IPSOS, el acontecimiento político más positivo del 2019 fue la disolución del Congreso decidida por el presidente Vizcarra hace tres meses. Al menos 59% de los encuestados opina de esa manera, lejos por delante de la estabilidad económica destacada por 21%, los Juegos Panamericanos por el 18% y la gestión del equipo de fiscales Lava Jato, también por 18%. Entre los hechos negativos, el más destacado es el elevado número de casos de feminicidio, el más alto de la década. Los encuestados destacan también como cosas que lamentar el constante cambio de ministros, el lento avance de las denuncias fiscales, el suicidio de Alan García y las paralizaciones de diversos proyectos mineros.

Por su parte la encuesta del Instituto de Estudios Peruanos, IEP, confirma que a nivel nacional las dos personalidades con mayor aprobación política son George Forsyth (con 51%) y Salvador del Solar (con 48%), seguidos de lejos por el alcalde de Lima Jorge Muñoz y el líder del Partido Morado, Julio Guzmán. Keiko Fujimori obtiene 15%, un punto más que su hermano Kenyi y Alfredo Barnechea. Ningún líder de izquierda llega al 10%. Como ninguna de esas personalidades aparece en la lista de candidatos, podemos presumir que las elecciones del 26 de enero verán oponerse los nombres de los partidos, con ventaja para los más conocidos (Acción Popular, Fuerza Popular, Alianza para el Progreso) y el único partido nuevo en estas elecciones, el Partido Morado.

Es malo para la acción pública que los electores no escojan entre propuestas de solución de nuestros problemas, aunque sabemos las prioridades: seguridad ciudadana, servicios públicos (educación y salud) y lucha contra la corrupción. Debemos interrogar a los partidos qué proponen para resolver esos problemas que nos afectan a todos: el aprendizaje de niños y jóvenes, la calidad del servicio en los centros de salud, el buen uso del dinero del Estado, como sabemos desviado hasta el escándalo por autoridades corruptas. No hay mejor manera de honrar el espíritu de la navidad que visitar a los que sufren soledad, enfermedades y sensación de abandono en los hospitales. Todos exigimos, pero pocos ofrecen verdadero apoyo, como lo evidencia la bajísima tasa de donantes de órganos y la falta de sangre que pueda ser utilizada para salvar vidas. ¡Las Asociaciones de voluntarios merecen toda nuestra admiración!

La navidad nos ofrece la ocasión de asumir con más lucidez y convicción los valores que son el fundamento común de nuestra República y que al mismo tiempo dan densidad moral a nuestras vidas individuales: la dignidad de toda vida humana, la aspiración universal a la paz, el respeto a la diversidad de culturas y costumbres. Nada se opone más a esos valores que la violencia y su forma sistematizada que es la guerra.

No se trata solo de experiencias del pasado, sino de la amenaza permanente del uso de la fuerza. Basta pensar en el “regalo navideño” que ha ofrecido el dictador de Corea del Norte, Kim Jong Un, en caso de que Estados Unidos no firme un acuerdo con su país. Los especialistas en Relaciones Internacionales temen que el último régimen estalinista realice un ensayo de misil intercontinental, capaz de golpear las costas de Estados Unidos. El “regalo navideño” que nos merecemos es la expresión de la empatía y el compromiso con la vida de aquellos con los que compartimos nuestro paso fugaz por el planeta tierra.

Las cosas como son

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