Jair Bolsonaro durante un acto público de este jueves junto a su ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta. | Fuente: AFP

(Agencia EFE / Nayara Batschke). El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, volvió a abrir heridas de la dictadura después de que minimizara desapariciones y muertes perpetradas por agentes del Estado durante el régimen militar del país (1964-1985), periodo en el que se torturó a más de 20.000 personas y asesinó otras 434. Los cuestionamientos fueron tales que un juez de la máxima instancia de la Justicia de Brasil dio 15 días para que el mandatario conteste, si lo deseaba, ante lo que este dijo que lo hará “aunque no esté obligado”.

Desde que el pasado lunes, Jair Bolsonaro ironizase sobre el paradero de Fernando Augusto de Santa Cruz Oliveira, un activista contra la dictadura militar (1964-1985) cuyo cadáver sigue desaparecido, el dirigente brasileño ha sido blanco de una oleada de críticas. "Un día si el presidente de la OAB quiere saber cómo su papá desapareció en el período militar, le cuento. No va a querer oír la verdad. Se lo cuento", dijo el jefe de Estado, quien fue capitán del Ejército de Brasil.

El presidente también deslegitimó los trabajos de la Comisión de la Verdad, instaurada para investigar los crímenes perpetrados durante el régimen militar, y calificó los documentos oficiales sobre la ejecución de militantes en ese periodo de "mentiras". "Esa suerte de declaraciones reabre muchas heridas en la sociedad brasileña porque se trata de un jefe de Estado que actúa completamente fuera de lo que se espera de un presidente", dijo a la agencia Efe Felipe Santa Cruz, hijo del abogado atacado por Jair Bolsonaro y actual dirigente de la Orden de los Abogados de Brasil (OAB).

Respuesta por sus declaraciones

El dirigente de la OAB consideró que la postura de Jair Bolsonaro es un "paso atrás" en la batalla por el reconocimiento y reparación de los crímenes cometidos durante la dictadura y alertó de los riesgos que suponen a la democracia un "presidente que flirtea con el autoritarismo". "Él tiene una agenda que es autoritaria en las costumbres que claramente está flirteando con el autoritarismo y una ruptura democrática", analizó. Por eso, Santa Cruz presentó el miércoles ante la Suprema Corte un pedido formal para que Bolsonaro preste esclarecimientos.

Incluso la propia Fiscalía brasileña reprobó al mandatario tanto por "la fricción con el decoro ético y moral" como por "sus implicaciones jurídicas", y le urgió a compartir cualquier información que tenga sobre desapariciones forzosas o paradero de víctimas. Al día siguiente, el magistrado del Supremo Tribunal Federal (STF) Luis Roberto Barroso estableció este jueves un plazo de quince días para que el mandatario conteste, sí así desea, a los cuestionamientos.

Jair Bolsonaro junto a sus ministros Ricardo Salles (Medio Ambiente, derecha) y Ernesto Araujo (Relaciones Exteriores, izquierda). | Fuente: AFP

La respuesta de Jair Bolsonaro llegó el viernes. "Aunque no esté obligado, yo presto (aclaraciones). Yo no dije nada grave, voy a hacer la transcripción (de lo que dije)", afirmó el presidente en declaraciones a los periodistas. "¿Qué he dicho de tan grave? Díganme. (Hablé de) lo que tuve conocimiento de la época. ¿He ofendido a su padre? No ofendí a su padre", agregó.  Si bien el mandatario dijo lamentar las muertes perpetradas durante la dictadura militar, las atribuyó a un "deseo de implantar el comunismo en Brasil". "Lamento todas las muertes que ocurrieron en los dos lados. Si no existiera aquel deseo de implantar el comunismo en Brasil, no habría nada de eso”, aseguró.

En medio de esta polémica, además, y pese a las crecientes críticas que despertó en diversos sectores de la sociedad brasileña, Jair Bolsonaro cambió a cuatro de los siete miembros que integran la Comisión Especial sobre Muertos y Desaparecidos Políticos, encargada de investigar los crímenes del periodo militar porque, según dijo, ahora el Gobierno "es de derechas". "El motivo es que cambió el presidente, ahora es Jair Bolsonaro, de derechas. Punto final. Cuando ellos (en alusión a los Gobiernos entre 2003 y 2016 del Partido de los Trabajadores, PT) colocaban terroristas allí, nadie decía nada", dijo el presidente de Brasil para justificar su decisión.

El historial de Bolsonaro, la dictadura y las torturas

Jair Bolsonaro, un antiguo capitán en la reserva, tiene un controvertido historial. Defendió a uno de los mayores torturadores del periodo y atacó a varias víctimas del golpe de Estado de 1964. En el juicio político que despojó a Dilma Rousseff del poder en 2016, el entonces diputado dedicó su voto a Carlos Alberto Brilhante Ustra, uno de los jefes del aparato represivo de la dictadura y a quien calificó como el "pavor de Dilma Rousseff", quien fue torturada por el coronel.

Durante su campaña presidencial, Jair Bolsonaro minimizó el asesinato del periodista Vladimir Herzog, ocurrido en 1975 y reconocido por el Estado brasileño años más tarde. "La gente practica suicidio", dijo, en alusión a un respaldo a la versión oficial presentada por las autoridades militares a la época.   Para el hijo del periodista, Ivo Herzog, Bolsonaro ha puesto "el dedo en las llagas" al revivir "dolorosas memorias" de muchas familias que tuvieron "parientes que han muerto de manera cínica y vil". "No me sorprende. Jair Bolsonaro siempre ha sido una persona cruel, fría y mala, que niega la historia del país", dijo a Efe.

Para las ONG las declaraciones de Bolsonaro son una afrenta: "El derecho a la memoria, justicia, verdad y reparación a las víctimas, supervivientes y sus familias debe ser defendido y promovido por el Estado Brasileño y sus representantes", instó en una nota la directora de Amnistía Internacional en Brasil, Jurema Werneck. Por su parte, el director de Human Rights Watch (HWR) en América Latina, José Miguel Vivanco, destacó que las declaraciones de Bolsonaro son "irresponsables, crueles y merecen absoluto repudio". EFE

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