Echo & The Bunnymen en los 80
Echo & The Bunnymen en los 80 | Fuente: Facebook - Echo & The Bunnymen

Un 4 de mayo de 1984, Echo & The Bunnymen, “los otros cuatro de Liverpool”, lanzaron 'Ocean Rain', disco que es considerado por muchos, incluida la propia banda, como su mejor trabajo. Ian McCulloch, vocalista y principal compositor, estaba a solo un día de cumplir 25 años cuando vio la luz esta cuarta producción del grupo. Y también la penúltima con la formación original. El disco apenas disimulaba las fricciones dentro del cuarteto, pero lo hizo de manera gloriosa.

Del éxito a las ganas de matarse

Echo & The Bunnymen inició las andadas a fines de los 70 y enmarcó su sonido dentro de lo que se conoce como post-punk, junto a otras bandas inglesas como Joy Division, The Cure o Bauhaus. Sus dos primeros trabajos, 'Crocodiles' de 1980 y 'Heaven Up Here' de 1981, habían merecido la aclamación de la crítica y fueron éxitos en las listas musicales. Sin embargo, su tercer trabajo, 'Porcupine' de 1983, había encontrado a la banda “con ganas de matarse” entre ellos.

En el libro de Chris Adams, 'Días Turquesa: El Extraño mundo de Echo & The Bunnymen' de 2002, aparece una entrevista con Pete de Freitas, baterista de la banda, quien decía que habían tenido que “obligarse” a hacer las grabaciones.

“'Porcupine' fue duro de componer y de grabar [...] Heaven Up Here fue pura confianza, lo hicimos realmente rápido, nos divertimos mucho haciéndolo; pero éste fue como si tuviésemos que obligarnos”.

También McCulloch recordaba que el ambiente en el estudio era “horrible” y que apenas se podían dirigir la palabra por las constantes discusiones. 'Porcupine', fue recibido con malas críticas, aunque también llegó a los primeros lugares de las listas de éxitos. Sin embargo, la banda estaba desgastada y había que dar un siguiente paso o morir en el intento.

Melancolía con una orquesta de cámara

El single de 1983, 'Never Stop', parecía anunciar lo que se venía en 'Ocean Rain'. La banda agregaba congas, violines y violonchelos a su sonido. Sin embargo, ni eso podría presagiar la inclusión de 35 músicos de la orquesta de París en su nuevo trabajo. Y es que 'Ocean Rain' despliega pomposidad, grandeza y también simplicidad. La banda supo equilibrar oscuridad, grandilocuencia y guitarras acústicas con mandolinas.

Y también altas dosis de narcisismo. Ian McCulloch describió este trabajo como “la mejor obra de arte después del David de Miguel Angel” y no tenía reparos en decirle al gerente de su discográfica que era “el mejor álbum que jamás se ha hecho”. Y con ese rótulo, fue anunciado en los carteles pegados por todo Londres para promocionar el disco.

Matando a la luna

Ocean Rain abre con 'Silver', un tema que nos da la bienvenida con violines optimistas y una estructura simple con predominancia acústica. La voz de McCulloch canta sobre cielos azules y autosuficiencia. El LP continúa con 'Nocturnal me', una marcha siniestra que anuncia un camino sensual y nocturno, y hace recordar a Leonard Cohen. Sigue la animada 'Crystal Days', antes de adentrarnos en la psicodélica 'The Yo Yo Man', un tema que nos regresa a los primeros The Doors, con su escala sombría y declarativa. Cierra la cara A, la torturada 'Thorn of Crowns', con la voz tan desgarrada como susurrante de McCulloch, descendiendo a algún círculo del infierno.

La segunda parte del disco quizá tenga una de las mejores aperturas desde 'Here Comes The Sun' de The Beatles. 'The Killing Moon' abre la cara B. ¡Y qué tal comienzo! Quizá una de las mejores composiciones de McCulloch quien grabó dos veces la voz hasta sentirse conforme. La canción ha sido descrita por la crítica como “la mejor canción pop de todos los tiempos”.

"Cuando canto 'The Killing Moon', sé que no hay una banda en el mundo que tenga una canción cercana a eso" comentó el vocalista en una entrevista de 2002. El tema fue el primer single del disco.

En el lado B continúa 'Seven Seas', con su elegante y pegadizo estribillo. Le sigue 'My Kingdom' con la serpenteante guitarra de Will Sergeant llegando al unísono con la voz de McCulloch. El disco cierra con la monumental 'Ocean Rain', una balada nostálgica y dolorosa que va in crescendo hasta estallar en algo parecido a la esperanza. El tema ha sido calificado por McCulloch como su favorito de la banda y es un clásico cierre de sus conciertos.

Legado

Pese a la majestuosidad del álbum, algo no visto hasta entonces en ninguna banda post punk de la época, las críticas fueron mixtas. Algunos los acusaban de “pretenciosos” y “monocromáticos”, y otros consideraban que su sonido había “madurado”. Con todo ello, el disco alcanzó el cuarto puesto entre los más vendidos del Reino Unido durante su primera semana.

Quizá 'Ocean Rain' haya significado una ruptura con el sonido post punk de sus trabajos iniciales. Pero, sobre todo, fue una evolución. No en vano, autores como Robert Dimery han considerado que el álbum es uno de los que “mejor aguantan el paso del tiempo” de los Bunnymen y es uno de los mejores de la historia, según varias revistas especializadas.

La banda nunca tuvo la masividad de sus contemporáneos U2 o The Cure, pero tampoco la buscaron. Sin embargo, su sonido ha sido influencia fundamental para bandas que van desde Oasis, Interpol o Editors hasta Soda Stereo o los nacionales Libido.