Carlos Castillo Mattasoglio es el nuevo arzobispo de Lima | Fuente: Andina

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El Vaticano ha escogido el día de la Conversión de San Pablo para anunciar el nombre del nuevo Arzobispo de Lima: el sociólogo, teólogo y profesor universitario Carlos Castillo Mattasoglio, sacerdote diocesano desde 1984. La influencia de la Iglesia Católica en la vida de las personas, las familias y las instituciones peruanas es tan grande que amerita que tomemos distancia de los acontecimientos coyunturales para destacar el nombramiento del trigésimo sexto titular de la Diócesis de Lima.

Los obispos han influenciado la vida de nuestra capital desde los inicios del virreinato. El primero fue Jerónimo de Loayza, pero la historia ha retenido sobre todo la fecunda acción pastoral de Santo Toribio de Mogrovejo, entre 1579 y 1606.

Cuatro siglos más tarde, Carlos Castillo reemplazará a Monseñor Juan Luis Cipriani, quien presentó su renuncia el pasado 28 de diciembre, día en que cumplía la edad limite para el ejercicio del obispado, 75 años. Monseñor Cipriani seguirá siendo Cardenal activo hasta la edad de 80 años. El Arzobispo renunciante fue titular de la Arquidiócesis de Lima durante veinte años, después de haber sido Arzobispo de Ayacucho.

El nombramiento del Padre Castillo tiene algunas particularidades, características de la capacidad de innovar que tiene el Papa Francisco. Por ejemplo, llega a la cabeza de la principal diócesis peruana y a la condición de Primado de la Iglesia del Perú, sin haber sido previamente obispo auxiliar ni obispo de una diócesis mas pequeña. Desde su ordenación en 1984 Carlos Castillo se ha desempeñado como sacerdote de base, es decir en contacto con una comunidad de creyentes que espera de su pastor orientación ante las incertidumbres de la vida y apoyo moral en los momentos de dificultad.

Durante los últimos años ejerció el sacerdocio en la parroquia de San Lázaro del Rímac, que algunos consideran la iglesia más antigua y más pequeña de Lima. Por otro lado, Carlos Castillo no es miembro de ninguna congregación, como ha sido el caso de sus últimos predecesores: Monseñor Cipriani es miembro del Opus Dei, Monseñor Vargas Alzamora era jesuita y Monseñor Landázuri franciscano.

Carlos Castillo fue un laico comprometido desde fines de los años sesenta, época marcada por el aggiornamiento del Concilio Vaticano II y la Asamblea de Obispos de Medellín. Su formación cristiana recibió la influencia directa del fundador de la Teología de la Liberación, Gustavo Gutiérrez, así como la del Obispo Emérito Luis Bambarén. Durante sus estudios de Sociología en la Universidad de San Marcos, Carlos Castillo fue dirigente de la Unión Nacional de Estudiantes Católicos (UNEC) y en ese espíritu vivió durante años en Cerro de Pasco.

Carlos Castillo e s un teólogo que ha realizado estudios avanzados sobre el contenido de la Fe cristiana, la vida de Cristo y la historia de la Iglesia. Su doctorado lo obtuvo en la prestigiosa Universidad Gregoriana de Roma. El fruto de su trabajo intelectual ha quedado expresado en varios libros y numerosos artículos, que tienen que ver con su voluntad de “dar razón de la esperanza” y estudiar figuras históricas como Santa Rosa y Bartolomé de las Casas. El nuevo Obispo de Lima ha sido desde 1987 profesor de la Universidad Católica, por lo que podrá contribuir a resolver definitivamente las fricciones entre ese centro de estudios y el Arzobispado.

Pero sobre todo, el nuevo Arzobispo deberá llevar a católicos y no católicos el mensaje del Evangelio, en momentos en que la corrupción, la pedofilia, los feminicidios y el consumismo individualista amenazan con destruir todos nuestros valores morales.

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