RPP/Referencial

El último grito libertario para que el Perú se independice definitivamente del yugo español fue la Batalla de Ayacucho.

Algunos estudiosos de las ciencias sociales sostienen que  la Proclamación de la Independencia fue en enero de 1825. El acto final de la lucha por ser una patria libre y soberana se materializó en el Cusco.

El primer acto se cumplió en la Catedral de la Ciudad Imperial, frente a la imagen del Señor de los Temblores, y fue presidido por Agustín Gamarra; la segunda parte de esta ceremonia se cumplió en la Plaza Regocijo ( Kusipata).

Esta acta, cuyo ejemplar físico se encuentra sólo en versión digital, es leída en la sesión solemne de homenaje a la patria cada año por el regidor más joven.

Se precisa que Cusco fue el último lugar  en el país, después de Lima en 1821 y otras regiones, donde se leyó la Proclama de la Independencia, que fue en 1825.

¿Cómo ocurrió ese hecho?, se lo contamos.

La batalla de Ayacucho se realizó el 9 de diciembre de 1824 y el resultado fue un triunfo rotundo para las armas patriotas, sostiene Ángel Avendaño Farfán, reconocido historiador y literato cusqueño, quien afirma que derrotados los españoles con el Virrey La Serna a la cabeza, se desplazaron al Cusco donde establecieron su cuartel general; mientras que La Serna ocupó el palacio del Almirante a escasos metros de la Catedral.

Conocedores de ésta situación, el comando nacional destinó al general Agustín Gamarra a la antigua capital del Tawantinsuyo, quien provisto de los más altos rangos y poderes como prefecto de Simón Bolívar, junto a la civilidad y fuerzas vivas, proclamaron la independencia para sellar definitivamente el proceso emancipador en el Perú.

Agustín Gamarra, cusqueño él, conocía no sólo el terreno, sino a la gente y apenas arribó tomó cuenta de los que apoyaron o no al proceso independentista y entre los primeros “evaluados” se hallaban las órdenes religiosas. Así se sabe que el general Agustín Gamarra dejó sus propiedades y riquezas a los franciscanos, dominicos, mercedarios y jesuitas, mientras  que a los agustinos les hizo desalojar su convento y templo destruyendo a cañonazos sus estructuras y edificaciones, dejándolos en ruinas. En la calle en donde se produjo este capítulo de la historia, actualmente se ubica un conocido hotel de cinco estrellas.

Otra orden religiosa que fue expropiada en sus bienes fueron los betlemitas que se dedicaban a labores hospitalarias. A ellos les quitaron el local donde había un hospital, el colegio Educandas y otro centro de salud en la zona de La Almudena. En este lugar funcionaba alternativamente una cárcel y un centro de salud mental.

Luego de ajustar cuentas con las órdenes religiosas y también con los notarios, abogados y educadores, Gamarra centró sus esfuerzos en proclamar la independencia en el Cusco, hecho que se produjo el 9 de enero de 1825, exactamente a un mes de la Batalla de Ayacucho.

Esta ceremonia se realizó según dio cuenta el notario Dianderas, con toda la pompa y formalidad que se conociera, delante de la imagen del Patrón de la Ciudad, el Señor de los Temblores, teniendo como marco La Catedral.

Este juramento se tomó en la plaza del Regocijo o llamada Kusipata, lugar donde anteriormente se hallaba establecido el Cabildo, la oportunidad fue propicia para entregar monedas de plata echados desde una palangana del mismo metal.

De esta forma, ejerciendo la alta jerarquía de prefecto y actuando con una mano blanda y la otra dura, Agustín Gamarra logró la adhesión del Cusco, sus autoridades y ciudadanos a la gesta libertaria consolidando la independencia patria. Sobre la suerte que corrió el virrey La Serna se sabe que puso pies en polvorosa y no volvió sobre sus pasos, dejando el Perú y el Cusco.

De esta forma, a cuatro años y medio de proclamada la independencia por José de San Martín en Lima, recién se sella la liberación de nuestra patria de la presencia española en el Cusco, declarada entre otros merecimientos Capital Histórica del Perú.

Por: Adelaida Letona

Lea más noticias de la región Cusco