Hallazgo | Un libro inmortaliza la amistad perdida de Vargas Llosa y Gabriel García Márquez

Un libro de la biblioteca personal de Mario Vargas Llosa, donada a Arequipa, demuestra la estrecha amistad que mantenía con Gabriel García Márquez, quien le dedicó un ejemplar de Cien años de soledad tratándolo de hermano.

Entre los más de 25 mil libros que el escritor Mario Vargas Llosa donó a la Biblioteca Regional que lleva su nombre en Arequipa, hay uno que recuerda la vieja amistad que tuvo con el escritor colombiano Gabriel García Márquez, antes del famoso puñetazo.

Se trata de una edición de Cien años de soledad que tiene una fraterna dedicatoria de García Márquez: “Para Mario, de su descuartizado, desmenuzado y desenmascarado hermano”. Fue escrito en 1972.

“Indudable, es la letra de Gabo, qué tal sorpresa, es buenísimo”, dijo Jaime Abello, amigo de Gabo, al ver la fotografía de la dedicatoria.

Abello, director general y cofundador de la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), participa en el Hay Festival Arequipa.

Vargas Llosa donó su biblioteca personal a su ciudad natal, luego de ganar el Premio Nobel de Literatura el 2010. Lo hizo –dijo en su discurso de entrega– después de recibir el cariño y reconocimiento de los arequipeños que lo homenajearon durante tres días.

Sus libros fueron llegando poco a poco a la casona que el Gobierno Regional de Arequipa compró exclusivamente para albergarlos. Uno de ellos es el ejemplar de Cien años de soledad con la dedicatoria de Gabo.

La única condición que puso Vargas Llosa al donar su tesoro bibliográfico, fue que los libros que tengan calificaciones y anotaciones suyas, no se exhiban al público hasta después de su muerte.

El Nobel tenía la costumbre de poner una calificación, de cero a veinte, a los libros que leía. También hacía apuntes o comentarios del libro en las páginas finales.

Los libros y revistas que no tienen esas anotaciones, pueden ser consultados por los lectores en la biblioteca de la calle San Francisco.

AMISTAD

“Recordando a Gabo”, así se tituló el conversatorio de ayer en el Hay Festival donde Jaime Abello habló de su entrañable amigo. Compartió la mesa con Kate Horne, Silvana Paternostro y Juan Carlos Pérez.

La inevitable pregunta de la amistad con Vargas Llosa llegó al final del conversatorio. Un participante del público le preguntó a Abello si en algún momento hubo la posibilidad de que los escritores se amisten. La respuesta fue un rotundo: No.

“Lo único que puedo decir es lo siguiente, que desde 1983 que conocí a García Márquez, jamás le oí, nunca en la vida, hablar de Mario Vargas Llosa. Nunca, por ninguna razón, ni a favor ni en contra. Ni de la literatura, ni de la personalidad, ni de qué opinaba ni daba cátedra de ese tema”, dijo Abello.

Lo que sí reconoció es que Vargas Llosa tuvo palabras de mucho respeto y aprecio para Gabo.

“El año pasado, Mario habló con mucho cariño de Gabo, ocurrió en la cátedra Vargas Llosa en España, que estuvo dedicada a Cien años de soledad”, recordó.

Y también destacó que la única oportunidad en que intercambiaron felicitaciones fue cuando ganaron el Nobel.

“Se cruzaron felicitaciones de Premio Nobel; es decir, Mario felicitó a Gabo, y Gabo felicitó a Mario”, dijo.

El puñetazo contra la amistad ocurrió el 12 de febrero de 1976. Mario Vargas Llosa, por una razón que él ha decidido dejar para el estudio de los historiadores, le dio un puñetazo en la cara a Gabo. Ocurrió en el vestíbulo del Palacio de Bellas Artes en México D.F.

Ese golpe tumbó la amistad de los dos talentos. Pero quedan huellas indelebles del cariño que ambos se profesaban, como la dedicatoria del libro que ahora reposa en un estante de la biblioteca Vargas Llosa en Arequipa.

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