Crisis política
La nueva tensión entre poderes se produce entre fallas de comunicación por parte del Ejecutivo y aparentes motivaciones particulares desde el Congreso. | Fuente: Fotos: Andina

Esta semana, el Perú se sumió en una nueva crisis política luego de que el Congreso de la República negara el voto de confianza al equipo ministerial de Pedro Cateriano. Como consecuencia, el Gabinete -de solo 20 días en funciones- tuvo que renunciar, a fin de que Martín Vizcarra designe a uno nuevo. Todo esto, en medio de las gestiones de contención de la pandemia y recuperación económica que debería impulsar el aparato público.

En su mensaje a la nación post-rechazo a la confianza, el jefe del Estado tildó de “cálculo político” la decisión tomada por el pleno. Vizcarra también afirmó que el Gobierno no retrocederá en la reforma universitaria, aduciendo que el Legislativo votó mayoritariamente en contra o en abstención debido a la permanencia del ministro de Educación, Martín Benavides.

En tanto, en conferencia de prensa de este miércoles, el presidente del Congreso, Manuel Merino de Lama, negó que su fuero haya actuado por chantaje o negociación y señaló al propio Vizcarra como responsable de toda la crisis. Esto, luego de que Cateriano revelara, en entrevista con RPP, que César Acuña -presidente del partido Alianza para el Progreso- le había anunciado que la bancada votaría a su favor (en la realidad, votó en abstención) y que Merino de Lama ya le había advertido que algunos grupos parlamentarios no querían a Benavides en el sector.

Analistas políticos consultados para este artículo señalan que lo ocurrido evidencia -una vez más- fallas en la comunicación entre ambos poderes, aunque también cuestionan las motivaciones del Congreso.

Las fallas de Cateriano como mensajero del Gobierno

El último martes, mientras Cateriano se dirigía ante el pleno del Congreso para exponer la agenda del Gobierno en petición del voto de confianza, ya se oían algunas voces de protesta entre los parlamentarios. Por momentos, el presidente del Congreso, Manuel Merino de Lama, pedía que no se interrumpiera la exposición del premier. Acabado el discurso, se inició el debate con la participación individual de cada congresista. Las críticas abundaban en enfoques, tanto objetivos como subjetivos: desde los planes concretos en materia económica, educativa o de salud hasta las ausencias de algunos temas y la personalidad del propio jefe del Gabinete.

Para el analista político Arturo Maldonado Nicho, Cateriano perdió puntos al momento de ahondar en principios de Gobierno, como el de la reforma universitaria, y enfatizar el respaldo a la actividad minera como respuesta a la crisis económica. 

“Creo que tuvo dos discursos que generaron que no lograra la confianza. El primero es el discurso, completamente válido, de defensa de la reforma universitaria, que -digamos- siempre ha marcado enfrentamientos entre estos mismos poderes por los intereses particulares que existen en el Congreso. Yo creo que Cateriano ahí tuvo una actitud principista, pero eso originó el alejamiento de la bancada de Podemos, de una facción de Alianza para el Progreso y quizá también de algunos congresistas de Acción Popular. Y, de otro lado, tenemos que considerar que hubo un discurso demasiado pro-minero, que pudo haberse tomado como un anuncio al relajamiento de controles [en la actividad extractiva]. Creo que ahí sí le faltó capacidad de proyección de las consecuencias porque, se sabe, que eso iba a alejar a bancadas como la del Frente Amplio”, nos precisó Maldonado.

Paula Muñoz Chirino, profesora de la Universidad del Pacífico y politóloga, estima que Cateriano falló en buscar los puntos correctos para tender puentes de comunicación y, por lo mismo, desatendió algunas demandas populares en medio de la pandemia y el deterioro de la economía nacional. 

“Me parece que sí es cierto que hay una serie de errores más políticos que Cateriano cometió en su misma presentación en el Congreso. Pero también es, digamos, en los días que estuvo la gestión. Se presentó, supuestamente, como la persona que tenía la experiencia, pero al mismo tiempo apareció con una experiencia un poco desfasada frente a la realidad de urgencia actual. Nos queda la imagen, por ejemplo, de su reunión con Luis Bedoya Reyes [el líder histórico del Partido Popular Cristiano (PPC), que no tiene bancada en el Congreso actual]. Por otro lado, de varias de las intervenciones del Congreso -sobre todo de muchos congresistas que venían de regiones- se recogían demandas de la ciudadanía en el tema sanitario o sobre problemas urgentes en los que aún no hay claridad suficiente”, puntualizó la especialista.

En entrevista con el programa La Rotativa del Aire, de RPP, el politólogo José Carlos Requena indicó que Cateriano no reparó en la falta de articulación congresal del Gobierno, ya que no tiene bancada ni un grupo de apoyo consistente. “Es una cuestión complicada, efectivamente. Hay un espacio de vulnerabilidad del que creo que el régimen no fue consciente. Hubo algo de ingenuidad en pretender que se puede gobernar sin Congreso. Esta es una condición pesada y complicada”, dijo a la periodista Patricia del Río.

Un Congreso disperso, de intereses particulares y poca disposición al diálogo

Para los analistas consultados, es evidente que el Congreso -al menos desde algunas bancadas- maneja sus decisiones en favor de intereses particulares. En este contexto, apuntan a la relación que algunos parlamentarios tienen con universidades privadas y a las motivaciones electorales (de partido, porque no habrá reelección inmediata) con miras al 2021.

La politóloga Paula Muñoz sostiene que la evaluación negativa por parte del Congreso hacia la totalidad del Gabinete resultó excesiva, pues este último no había cumplido ni un mes en funciones. También destaca que, en estos pocos días, resolvió demandas importantes que el anterior Gabinete venía esquivando. “Sobre todo en el tema de salud, la nueva ministra Mazzetti había hecho una serie de cambios al estilo de la gestión anterior. Respondió en muy poco tiempo a demandas que venían siendo postergadas, como el sinceramiento de las cifras. Entonces, no es cierto que no se haya avanzado en algunos temas. Yo creo que hay un punto medio en esta crisis, donde los dos lados tienen algo de razón y es posible decir que no hay un solo responsable”, nos respondió Muñoz.

Por otro lado, la especialista destaca que el Congreso buscó la salida más radical en medio de otras alternativas mucho más saludables para la estabilidad del país y que no resulta absurdo establecer una conexión entre la decisión y los intereses propios de algunas bancadas ligadas a universidades, como Alianza para el Progreso (que votaron en abstención) y Podemos Perú (que votaron en contra).

“La forma de resolver el conflicto ha sido irresponsable porque habían otras salidas posibles. Merino ha desmentido una supuesta negociación para la aprobación del Gabinete por el sector Educación, pero también es cierto -y sabemos todos- que existe una serie de intereses particulares, organizados y representados en el Congreso, que están vinculados a la educación superior y hay muchos personajes que están en desacuerdo con que el Estado prosiga con la reforma universitaria”, comentó Muñoz.

De acuerdo con la Constitución, el voto de confianza o respaldo a la investidura del Gabinete tiene como eje la comunicación de las políticas generales de gobierno. Tomando este punto, el politólogo Arturo Maldonado estima que el Congreso tomó una postura que no se ajusta a la evaluación objetiva, pues su balance pesaba más sobre ciertos ministros y no sobre todo el Gabinete.

“La idea del voto de confianza es calificar el plan de gobierno y creo que, dentro de todo, había un plan que Cateriano sí presentó. Yo creo que los puestos en el Ejecutivo no deberían ser proscritos de antemano, sino que deberían ser calificados en su desempeño. Pero lo que el Congreso ha hecho no solamente fue negar la confianza, sino que ‘anticipó’ que el desempeño de Cateriano y de sus ministros iba a ser negativo. Y eso [la calidad del desempeño] no lo vamos a saber nunca. Tenían las herramientas como las interpelaciones. Por ejemplo, si tenían unas críticas específicas con respecto al ministro de Educación o a la ministra de Economía, ¿por qué rechazaron la confianza a todo el Gabinete en lugar de interpelar a los ministros? ¿Por qué preferir una crisis total?”, refiere Maldonado.

Como lo habíamos informado en un anterior artículo, el Congreso vigente tiene la posibilidad de seguir negando la confianza a nuevos Gabinetes sin peligrar su composición. Por mandato constitucional, el Gobierno pierde la facultad de disolver al Congreso en su último año de gestión, aun cuando ocurran dos rechazos a la investidura.

El analista político José Carlos Requena estima que, con esta pérdida de recursos de presión desde el Gobierno hacia el Congreso, pueden producirse nuevos choques similares al actual. “Lamentablemente, en el último año, así no se verbalice, es lo que puede terminar pasando. Esto, que suena grosero, al final termina siendo también realista. En términos teóricos, [el Congreso] puede censurar, básicamente, de manera indefinida”.

El plazo de Martín Vizcarra para formar un nuevo Gabinete sigue corriendo. Según el artículo 132 de la Constitución Política del Perú, el mandatario debe -en menos de 72 horas- aceptar las renuncias de todo el equipo ministerial e, inmediatamente, proclamar uno nuevo. De acuerdo con una sentencia del Tribunal Constitucional que recordamos aquí, es posible ratificar a titulares de sectores, con excepción del premier, quien sí debe dejar el cargo irreversiblemente.