Ernesto Blume, presidente del Tribunal Constitucional | Fuente: Andina

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El Tribunal Constitucional ha escogido el peor momento posible para anunciar que no seguirá participando en las sesiones del Consejo para la Reforma del Sistema de Justicia. Sus miembros han votado esta vez por unanimidad para retirarse de una institución creada por ley y a cuyas primeras sesiones asistió su presidente, Ernesto Blume.

Sin contribuir a resolver las dificultades para llevar a cabo la selección de los miembros de la Junta Nacional de Justicia y mientras el Poder Judicial es objeto de maniobras para desacreditarla, los siete magistrados constitucionales recuerdan que son “autónomos, independientes y encargados de ejercer el control de la constitución”. Si existía una razón para abstenerse de ejercer una responsabilidad fijada por la ley, el presidente Ernesto Blume debió hacerla explícita, en vez de aducir generalidades y contribuir con el clima deletéreo que no ayuda a restablecer la falta de confianza en nuestras instituciones.

Mientras algunos funcionarios públicos optan por dar la espalda a nuestros desafíos colectivos, cada vez más empresarios deciden lo contrario. Tal es el caso del ingeniero Oscar Espinosa, que ya había dado muestras de su compromiso ciudadano liderando el colectivo Empresarios por la Integridad. En una entrevista al diario Perú 21, Espinosa declara: “… ser honesto es más rentable que ser corrupto. La cantidad de dinero que las empresas gastan en corrupción es impresionante. Cuando Odebrecht se lleva cientos de millones de dólares extras y coimea, alguien los paga… Cuando el Estado paga sobreprecios por una licitación, los pagamos usted y yo”.

Reconocido el mecanismo desde dentro de la actividad empresarial, Espinosa concluye: “Hay que limpiar el país. Empresarios por la Integridad es un núcleo chico todavía, pero una vez que tengamos muchas empresas certificadas, la idea es que éstas a su vez obliguen a sus proveedores a certificarse.... Así se forma una red de empresas que no quieren coimear. Debe haber una moral y una ética que sobrepase los negocios”.

El empresario de 80 años formado en Harvard, con veinte años de servicios en el Estado y cuarenta en el sector privado, preconiza el equilibrio entre intelectuales que sepan ejecutar y ejecutivos que no rehúyan el pensamiento para comprender el mundo complejo que se forja ante nuestros ojos.

Y a propósito de mundo complejo, Mónaco se ha convertido en el primer Estado que estará totalmente cubierto por el sistema digital de quinta generación, más conocido como 5G. El pequeño principado del Mediterráneo, conocido sobre todo por el emblemático casino de Montecarlo, sus grandes eventos deportivos y las aventuras amorosas de la familia reinante ha decidido desafiar al presidente Donald Trump al firmar un acuerdo con la empresa china Huawei.

Mónaco se convertirá en el primer país en el que todos los automóviles, los aviones, los tractores, los robots y hasta los electrodomésticos puedan ser controlados desde los celulares. Es cierto que todo el territorio monegasco no supera el de cualquiera de nuestros valles andinos y todos sus habitantes cabrían en el Estadio Nacional, pero de todas maneras, el gesto cuenta. Y la historia del 5G quedará asociada con uno de los lugares más bellos del mundo y por cierto, más generoso con los jubilados que no quieran pagar impuestos.

Destaquemos para meditar durante el fin de semana que la Comisión de Patrimonio Mundial de la UNESCO ha decidido incluir en su lista mundial de sitios culturales las más antiguas instalaciones de metalurgia de hierro del continente africano, que incluyen hornos que fueron utilizados en Burkina Faso el siglo VIII antes de Cristo. ¿Metalurgia del hierro antes de Buda, Confucio y Sócrates? ¿Qué dirán nuestros anti-mineros criollos, deseosos de hacernos volver a la edad de piedra?

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