Almacén de medicamentos en la Villa Panamericana. | Fuente: Foto: Lima 2019

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El exministro de Economía Luis Miguel Castilla ha publicado un artículo en el diario Gestión en el que destaca las prioridades fijadas por el Gobierno. “El objetivo primario, es salvar vidas y, en segundo orden, mitigar el golpe económico, paliando el elevado costo social”. Castilla describe muy bien lo que llama “tarea titánica” que deberá ser desplegada en varios frentes: “identificar los focos de contagio para aislarlos y limitar el tránsito de los agentes de transmisión… disponer el reforzamiento de los hospitales y su personal; y garantizar la enorme logística involucrada”.

Reflejando la experiencia adquirida en su trabajo en el Banco Interamericano de Desarrollo, Castilla anticipa “el diseño de un plan de flexibilización de la cuarentena, que sea gradual y minimice el riesgo de rebrote, que será fundamental para sostener la reactivación económica. De lo contrario, corremos el riesgo de enfrentar una nueva cuarentena, ya sin herramientas fiscales suficientes y con consecuencias sociales impredecibles”.

La formación de un frente común contra el coronavirus no consiste solo en articular los objetivos sanitarios con los económicos. Requiere la forja de un consenso basado en un acercamiento científico al problema que enfrentamos. Los países en que se ha actuado sobre la base de datos objetivos y con transparencia informativa han limitado los efectos nocivos, mientras que aquellos en los que la pandemia se ha vuelto un tema político, están pagando el error con más vidas humanas.

El ex-canciller mexicano Jorge Castañeda considera que el presidente de su país, Andrés Manuel López Obrador, es el que peor viene gestionando la crisis en América Latina porque habría recurrido a las taras de la sociedad mexicana, la supuesta superioridad de los pueblos originarios, el pensamiento mágico, la superstición, la tendencia a atribuir a lo extranjero el origen de todos los males. Castañeda sostiene que la mortalidad microbiana de los pueblos originarios durante el siglo XVI debería ser un motivo de prudencia y modestia.

Por su parte el politólogo norteamericano Francis Fukuyama rechaza que los gobiernos autoritarios sean más eficaces para resolver las crisis. Cita para eso los casos de Lincoln, Wilson y Roosevelt quienes supieron ganar la guerra civil y las dos guerras mundiales respectivamente, sin perturbar el funcionamiento de la democracia. “Lo que importa, afirma Fukuyama, es que los ciudadanos confíen en sus dirigentes y que esos dirigentes gestionen el Estado con eficacia y competencia. En ese sentido, la profundización del tribalismo norteamericano deja poco lugar al optimismo”, concluye con resignación.

En el caso del Perú, parece lamentable que no se haya podido coordinar la acción del gobierno con al menos tres iniciativas del Congreso: el papel de la contraloría, el uso de los fondos de las AFPs y la llamada ley de protección de la policía. El contralor Nelson Schack ha recordado el monto exorbitante que se pierde cada año por la corrupción y en consecuencia ha reiterado el pedido de que la controlaría pueda actuar desde que se inician los proyectos con dinero público.

Y para insistir en la importancia de la ciencia, conviene destacar el concurso lanzado por el Consejo nacional de ciencia e innovación tecnológica, CONCYTEC. Un total de cinco millones de soles serán invertidos en los proyectos que contribuyan a hacer frente a la amenaza del coronavirus. Se trata de financiar proyectos que nos permitan conocer aspectos de la pandemia, adaptar tecnología o desarrollar productos y mecanismos que nos permitan hacerle frente. No siempre son las cosas más sofisticadas las que salvan vidas, como lo prueba el caso de las mascarillas. De haberlo sabido a tiempo hubiéramos evitado exportar decenas de millones de mascarillas a China, que hoy hacen cruelmente falta, incluso al personal hospitalario.

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