Deforestación: perdiendo por goleada

Combatir la deforestación tiene que ser una política nacional y no solo de los sectores ambientales o agrarios.

Se acaba de hacer público un reporte reciclado sobre la deforestación del 2019 en el Perú, esfuerzo conjunto del Programa de Bosques del Ministerio del Ambiente, y del Servicio Forestal del Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego.  Este da algún nivel de detalle al presentar cifras y mapas por región y por provincia. Se resalta como logro que la deforestación se ha reducido en 4% en comparación al año anterior, es decir, de 155 a 148 mil hectáreas de bosques hechos humo.  Es como si en vez de haber perdido 20 a cero en un partido de fútbol en el 2018, perdimos 19 a cero en el 2019.  Difícilmente esto es un avance.

Se entiende por deforestación al bosque en pie que se pierde, es decir, a las hectáreas desboscadas (donde la cobertura ha sido eliminada).  Ya que lo que se mide es si hay bosque o no, la cifra distorsiona la realidad, puesto que un bosque degradado, raleado, alterado, o solo con algunas copas de árboles, como la cascara de un huevo vacío, representa un bosque que ha perdido en gran parte sus capacidades para proveer de servicios ambientales (retención de agua, fijación de carbono, fauna, polinización, paisaje, etc.).  Se calcula que el área de bosque degradado en la Amazonía representa al menos 150% más de lo que indica la cifra de deforestación. Desconocemos las cifras para el Perú.  Las causas de la deforestación en Perú también son cuestionables.  Se le atribuye mayormente a la expansión de la agricultura migratoria (en más del 60%). En el 2018 se han construido mas de 1100 km de vías de acceso a bosques -en gran parte ilegales, abriendo las puertas para las invasiones y deforestación en la Amazonía. Viendo que en países vecinos (Colombia, Brasil), la deforestación se relaciona más con la especulación de tierras, conviene saber cuál es el rol de ella en el Perú, más allá de la eventual falta de tierras para campesinos pobres.

Cifras de deforestación en el Perú de los últimos 20 años | Fuente: Programa de Bosques del MINAM y del SERFOR del Minadri

La deforestación se encuentra en un progresivo ascenso desde hace más de 20 años, ya habiéndose casi duplicado, de 80 mil hectáreas en el 2000 a 155 mil en el 2018.  Sin embargo, seguimos firmando acuerdos para combatir el cambio climático (COPs), para proteger a la Amazonía (Pacto de Leticia), y cada año presentamos planes de reducción de emisiones en los eventos internacionales.  Ha habido algunos ejemplos exitosos que destacar y reforzar (como la operación Mercurio contra la minería ilegal, el monitoreo satelital, pagos por servicios ambientales a comunidades, creación de áreas protegidas nacionales y subnacionales), pero en la batalla mayor, seguimos siendo incapaces de frenar o ver un progreso firme ante la principal fuente emisora de gases de efecto invernadero, que es la deforestación.  Peor aún, vemos el deterioro progresivo de nuestros bosques, de nuestra biodiversidad y del capital natural de la nación.

Combatir la deforestación tiene que ser una política nacional y no solo de los sectores ambientales o agrarios. Así como lo es bajar los niveles de pobreza extrema no es solo responsabilidad del sector economía.  La planificación y remediación en la construcción de vías de acceso y la acción inmediata ante las ilegales, el control a las invasiones y el cambio de uso de suelo, el tráfico de tierras, la titulación de tierras para comunidades indígenas, alianzas con el sector privado, el control de la minería y tala ilegal, el reforzamiento de las capacidades a niveles nacionales y regionales, son algunos de los temas que deben ser tratados y articulados. Es claro que combatir la deforestación no es cosa simple, pero para obtener resultados debemos entenderla mejor, y poner en práctica un “plan Marshall”.  Tenemos la tecnología a la mano para medir la efectividad de este, y las instituciones para manejarlo adaptativamente.  Pero, para ello tiene inequívocamente que haber voluntad política. Brasil la bajó en 60% en la década pasada, y Costa Rica de ir perdiendo, ahora va ganando por goleada. Si se puede.

Si bien hemos logrado bajar significativamente la pobreza extrema, la desnutrición, el analfabetismo y la mortalidad infantil, en comparación a décadas pasadas, lo contrario nos ha pasado en cuanto a la deforestación.  El crecimiento económico fue de par a par con ella, y será importante entender por qué.  Se espera que los niveles de desbosque se reduzcan en este año, pero no nos engañemos con las cifras, ya que pueden ser atribuidas a la pandemia. En su florido discurso, el presidente Sagasti habló sobre el cambio climático.  Quizá le podemos voltear el partido a la deforestación.

La pérdida de bosque en las zonas montañosas conduce a una fuerte erosión y peligros de desastres naturales. Foto de paisaje en Huánuco, | Fuente: Enrique Ortiz

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