Las bodeguitas, el corazón de nuestro barrio

En el Perú, hay cerca de 500 mil bodeguitas. Y si detrás de cada una hay una familia, estamos hablando de casi dos millones de peruanos trabajando a diario para servir a otros, no desde una oficina alejada, sino en su hogar, en el barrio, donde el negocio, la familia y la vida se mezclan permanentemente.

La bodega es casi una extensión de nuestra despensa
La bodega es casi una extensión de nuestra despensa | Fuente: Andina (archivo)

Paisano, paisana, cuando usted baja a la esquina a comprar un pan, una gaseosa o solo un cuartito de aceite, casi nunca piensa en la enorme importancia de ese pequeño local. Por eso es justo darles una mirada positiva, porque son uno de los pilares más sólidos y también los más subestimados de nuestra economía.

En el Perú, hay cerca de 500 mil bodeguitas. Y si detrás de cada una hay una familia, estamos hablando de casi dos millones de peruanos trabajando a diario para servir a otros, no desde una oficina alejada, sino en su hogar, en el barrio, donde el negocio, la familia y la vida se mezclan permanentemente.

'Bueno, están ahí solo para venderme cosas', dirá usted, paisano, paisana. Pero la verdad es que el bodeguero, más que vender, se preocupa por comprar lo que usted va a necesitar. El bodeguero compra lo que sabe que usted usa, lo que le gusta y lo que va a pedir mañana.

Así, la bodega es casi una extensión de nuestra despensa. Usted no necesita tener yogurt de fresa en su casa, porque "abajito nomás" está listo para cuando al niño se le antoje. Y su vecino, don José, no compra cerveza para todo el fin de semana, porque sabe que el señor de la bodega ya la tiene guardada, y si hay confianza, hasta heladita. Eso no es casualidad, eso es barrio, eso es memoria, eso es cariño. Y no olvidemos el sacrificio. Si a veces nos quejamos de que entramos al trabajo a las 8 de la mañana y salimos a las 6 de la tarde, recordemos que la mayoría de bodegas abre a las 6 de la mañana, cuando usted todavía está bostezando, y cierra cerca de las 11 de la noche, cuando ya pasó la cena, vio su televisión y se le ocurrió una compra de última hora. Trabajan de lunes a lunes, incluido domingos y feriados, justo cuando nosotros descansamos. Pocos negocios en el país tienen esa resistencia digna de una maratón.

Por eso es necesario darles una mirada positiva a las bodeguitas. No solo venden productos, dan vida al barrio. Son puntos de encuentro. Y aveces hasta ese chisme sano o no tan sano, pero lugares donde todavía existe la unidad barrial. Ayudarlas a convivir con los otros formatos de distribución, respetarlas más y facilitarles la vida no es solo apoyar un negocio, es fortalecer a la comunidad.

¿Qué podemos hacer, usted y yo, paisana, paisano, para valorar más a nuestra bodega y ayudar a que siga siendo el verdadero corazón de nuestro barrio?

NOTA: “Ni el Grupo RPP, ni sus directores, accionistas, representantes legales, gerentes y/o empleados serán responsables bajo ninguna circunstancia por las declaraciones, comentarios u opiniones vertidas en la presente columna, siendo el único responsable el autor de la misma.
Rolando Arellano Cueva

Rolando Arellano Cueva Doctor en Marketing, fundador de Arellano Consultoría para Crecer

Doctor en Marketing graduado en Francia. MBA y Psicólogo. Presidente de Arellano Consultoría para Crecer. Director de la Maestría en Dirección de Marketing de CENTRUM ARELLANO. Profesor en diversas universidades del mundo. Autor de 24 libros sobre el desarrollo de los países emergentes.

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