Un nuevo paradigma en la educación peruana

El gran desafío es que es nuevo paradigma tenga como base las experiencias que se vienen gestando en el país desde hace décadas, las cuales colocan a niñas, niños y jóvenes en el centro de su quehacer con el fin de educarlos para la vida.

Un excelente artículo de la maestra Teresa Tovar introduce la necesaria reflexión en torno a una nueva normalidad en la educación, que derribe mitos sobre los cuales se ha edificado el sistema educativo peruano estandarizado y homogeneizador, en medio de profundas desigualdades y limitada inversión en el sector ¿Es posible continuar con lo mismo en un escenario de pospandemia e incertidumbre o más bien se abre la oportunidad de impulsar una verdadera reforma bajo un nuevo paradigma educativo?

Tal vez convendría colocar la “nueva normalidad” entre comillas, para abrir la posibilidad de salir de “una” norma educativa y pensarnos con diversas educaciones como diverso es el país. Somos país pluricultural de hecho, pero en la norma somos una sola nación con un único sistema educativo, en ese sentido vamos lejos de una real descentralización del sector y mucho más lejos de un modelo educativo por cada pueblo originario, a pesar que cada uno de ellos tiene una manera propia de educar a sus niñas y niños en el seno familiar y comunitario de acuerdo a sus cosmovisiones. Lo lamentable es que esas “pedagogías” otras, no solo son marginales al sistema, son soslayadas y menospreciadas en el quehacer educativo a pesar que son fundamentales en la vida de las niñas y niños.

¿Es posible continuar con lo mismo en un escenario de pospandemia e incertidumbre o más bien se abre la oportunidad de impulsar una verdadera reforma bajo un nuevo paradigma educativo?
¿Es posible continuar con lo mismo en un escenario de pospandemia e incertidumbre o más bien se abre la oportunidad de impulsar una verdadera reforma bajo un nuevo paradigma educativo? | Fuente: Freeimages

En algo se avanza con la educación intercultural bilingüe, pero el peso del currículo, de lo normativo, de las pruebas estandarizadas y de toda esa maquinaria que la gestión escolar supone, resta oxígeno y luz para que emerjan y crezcan brotes frescos que le inyecten sentidos nuevos a la educación en consonancia con las demandas diferenciadas de los pueblos originarios. En las escuelas urbanas, los desafíos son otros, pero también diversos porque lo urbano y lo rural como marcadores de políticas educativas no son suficientes, por ejemplo, Unda y Llanos hablan de lo “rurbano” para dar cuenta de nuevos escenarios que configuran otras subjetividades en niñas, niños y jóvenes en el Ecuador.

A mi juicio, el desafío para el sector está en construir un nuevo paradigma educativo sobre la base de las experiencias que se vienen gestando en el país desde hace décadas, experiencias de resistencia en instituciones educativas públicas y privadas que han colocado a las niñas, los niños y los jóvenes en el centro de su quehacer, porque les importa sus vidas, sus familias y sus comunidades, y no solo como estudiantes por horas. Con los pueblos originarios, urge recuperar experiencias como las del PRATEC y CEPROSI y sus maestros cariñosos, que lograron el Iskay yachay (dos saberes) cuando los conocimientos andinos penetraron las aulas y cuando la comunidad se convirtió en un aula inmensa, sólo por mencionar algunas semillas de procesos educativos que hicieron posible que niñas y niños se eduquen para la vida. Sin duda, estos desafíos suponen una lucha contra el conservadurismo más retrogrado que impide derribar esa escuela vieja europea de hace 200 años, para levantar tantos modelos de escuela y pedagogías como lo requiera nuestro país.

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