Lecciones después de más de cien días de ayuno eucarístico, según obispo

Monseñor Ricardo Rodríguez, obispo auxiliar de Lima, comparte sus reflexiones en torno a cómo vivir la fe en este tiempo de confinamiento prolongado, así como su preocupación por la respuesta de las autoridades sobre el protocolo para la reapertura progresiva de los templos.

Úrsula Delgado

Úrsula Delgado

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Pese a lo difícil que es para los católicos no poder recibir la comunión en tiempos de coronavirus al no poder ir a la iglesia, para el obispo auxiliar de Lima, Ricardo Rodríguez, la primera lección es amar más la eucaristía. “El ayuno eucarístico nos debe llevar a amar más a la eucaristía, con mucha paz y serenidad. Los sacerdotes hemos comulgado, hemos celebrado todo los días. Pero cuánta gente no ha podido comulgar”, acota después de más de cien días de ayuno eucarístico.

Si bien existe una gran oferta de misas por redes sociales y medios de comunicación, según el prelado la experiencia de los laicos puede llevar a decir que “Dios me ha concedido no solo ayunar del cuerpo de Cristo, sino también del egoísmo, del ritualismo. He aprendido amar a Dios en todo lugar y no solo en el templo, sino también en mi corazón, con mi familia, en mi hogar, al participar de la misa a través de las redes”.

Para Mons. Rodríguez hay que ir de menos a más. En ese sentido, hay otra enseñanza para los sacerdotes y laicos. “¿Cuánta riqueza tiene celebrar con las personas? Hay sacerdotes que se acostumbraron a celebrar siempre solos, ahora se dan cuenta de cuán importante es celebrar con alguien o concelebrar. También hay gente que iba a misa y no le daba mucho valor y ahora lo necesita. Se ha dado cuenta que no es algo rutinario. Se ha roto la rutina”, explica.

Iglesias en el Perú permanecen cerradas pese a que otros comercios ya abrieron.
Iglesias en el Perú permanecen cerradas pese a que otros comercios ya abrieron. | Fuente: Andina

En tercer lugar, podemos ver lo bueno en algo que otro ve como malo. Mons. Rodríguez explica que ahora participamos con personas que antes no solían ir a misa. “Muchas personas me han dado testimonio de esto. Antes iba solo a misa, ahora prendo el televisor y mis hijos se sientan y la vemos juntos. Antes ellos no iban a misa. Ahora eso nos va a llevar a volver al templo y quedarnos con lo otros. Todo suma”, acota.

Sin embargo, explicó que al terminar la cuarentena “no vamos a decir ahora todos al templo. Los ancianos que sigan quedándose en casa hasta que sea segura su participación y que continúen participando a través de los medios y redes sociales”, explicó. De otro lado, el prelado dijo que la participación de la misa por las redes no debe ser grabada, sino transmitida en vivo, procurando que la gente tenga acceso a colocar los nombres de sus enfermos o familiares difuntos.

En cuarto lugar, este tiempo de pandemia estamos llamados a vivir la esperanza y la caridad. “Esperanza es saber que confiamos en Dios, que esto va a pasar. Estamos haciendo mucha liturgia, animando a la gente en la dirección espiritual. Pero también en la caridad, atendiendo a las necesidades humanas y temporales. No solo rezar, sino hacer acciones concretas”, explica Mons. Rodríguez.

Como quinta lección, el prelado explicó que “se ha despertado la caridad, como dice el evangelio, que es escuchar la palabra y ponerla en práctica. De qué me sirve escuchar mi misa en mi casa como delivery, cuando desde casa puedo hacer caridad. Se ha despertado la doble dimensión de ser crisitano: el escuchar la palabra y ponerla en práctica”. La ayuda por parte de la Iglesia Católica en el país ha sido diversa. En Lima, se ha canalizado a través de los comedores de Cáritas y las parroquias, según explicó el prelado. 

En cuanto al Protocolo para las Actividades Religiosas de la Iglesia Católica en tiempos de pandemia presentado al gobierno por la Conferencia Episcopal Peruana y procedimiento a seguir en nuestro país después de la emergencia o cuarentena, Mons. Rodríguez explicó que cada obispo verá en su diócesis que punto de este protocolo hace énfasis o no, o añade más medidas o las quita de acuerdo a su realidad.

“Sí nos preocupa el que todavía no haya una respuesta clara, pero entiendo que hay prioridades en este momento de la vida y hay que cuidarla”, comentó, y agregó que “si no es en julio o agosto estarán dando los primeros signos. Los obispos son los más preocupados en esto”, señaló.

Finalmente, dijo que en este tiempo, el sacerdote ha sufrido dolor por no poder salir, por no poder acompañar. “Es algo que los laicos deben entender a los sacerdotes. Al mismo tiempo, los sacerdotes deben entender que cuidarse es cuidar. Porque si yo, como sacerdote, me cuido puedo cumplir mejor mi misión post pandemia”, explicó.

“Cuando termine la pandemia visible hay una pandemia invisible que continuará quiza todavía mucho tiempo y no sabemos cómo enfrentarla: el egoísmo, la vanidad, la soberbia, el afán de lucro son pandemias que a veces no vemos”, puntualizó Mons. Rodríguez con respecto a esta situación que vivimos en nuestro país, pero también a nivel global. Reflexiones por cierto valiosas que deben llevarnos no solo al exámen personal, sino al compromiso y la acción en la vida social.

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