La actriz estadounidense fue diagnosticada con trastorno obsesivo-compulsivo a los 19 años. Reflexiona sobre cómo su condición ha marcado su vida personal y profesional.
El público identifica a Amanda Seyfried por sus recordados papeles en películas como Chicas pesadas, Mamma Mia! o Los Miserables. Sin embargo, detrás de una carrera sólida en Hollywood, la actriz ha convivido durante más de dos décadas con un trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) que ella misma ha descrito como “realmente extremo”.
En una entrevista con Vogue, publicada el 8 de enero, Seyfried, de 40 años, recordó el momento en que recibió el diagnóstico de trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) cuando tenía apenas 19. Se trata de un trastorno de salud mental caracterizado por pensamientos y miedos persistentes que derivan en conductas repetitivas o compulsiones, según detalla la Clínica Mayo.
“Vivía en Marina del Rey en ese entonces, grabando Big Love, y mi mamá tuvo que pedir una licencia en su trabajo en Pensilvania para venir a vivir conmigo durante un mes”, recordó. “Me hicieron escaneos cerebrales y ahí fue cuando empecé a tomar medicamentos, los cuales, hasta el día de hoy, tomo todas las noches”.
Vivir y trabajar con TOC en Hollywood
Seyfried explicó que enfrentar el trastorno en una etapa temprana de su carrera la ayudó, en cierta medida, a relativizar el rechazo profesional. “Es parte de este negocio”, señaló.
No obstante, la actriz también tuvo que establecer límites estrictos para proteger su estabilidad emocional. Evitar el consumo excesivo de alcohol, las drogas o las salidas nocturnas prolongadas fue una decisión consciente que la diferenció de muchos de sus colegas.
“Hacía planes y luego simplemente no iba”, contó. “Supongo que sí tomé decisiones… No entré en ese mundo de los clubes nocturnos. Tengo que darle el crédito a mi TOC”.
Un tratamiento sostenido en el tiempo
La actriz ya había hablado abiertamente sobre su tratamiento en una entrevista con Allure en 2016, donde reveló que toma Lexapro de manera continua. “Nunca lo voy a dejar”, dijo entonces. “Fui al médico pensando que tenía un tumor en la cabeza. Tenía mucha ansiedad causada por el TOC. Me hicieron una resonancia magnética y el neurólogo me derivó al psiquiatra”.
En aquella conversación, Seyfried explicó que, con el paso de los años, los pensamientos compulsivos han disminuido. “Lo tomo desde los 19 años. Uso la dosis más baja. No veo el sentido de dejarlo. Ya sea un placebo o no, no quiero arriesgarme”, afirmó.
Romper el estigma de la salud mental
La protagonista de La empleada también cuestionó entonces la forma en que se perciben las enfermedades mentales. “La gente las pone en una categoría distinta, pero yo no creo que deba ser así”, sostuvo. “Deberían tomarse tan en serio como cualquier otra enfermedad”.
Para Seyfried, el problema radica en lo invisible del trastorno. “Una enfermedad mental no se ve: no es una masa ni un quiste, pero está ahí. ¿Por qué tienes que demostrarlo? Si puedes tratarla, la tratas”, concluyó.