Raúl Ruidíaz lleva cuatro goles con la Selección Peruana. | Fuente: Selección Peruana - FPF

Le gana en velocidad a Campbell y Matarrita, supera a cuatro rivales, recibe un buen centro por abajo de Edison Flores y, en primera, al borde del área chica, da el toque. Piensa rápido. No demora. Pero falla. Tranquilamente, podría decirse que es mérito de Esteban Alvarado, arquero de Costa Rica, ubicado a cinco metros de distancia, pero no. Las críticas resaltan la ocasión desperdiciada. Porque no ha fallado cualquiera. Ha fallado Raúl Ruidíaz. Otra vez. Las redes sociales, entonces, empiezan a llenarse de mensajes con una misma idea: ¿hasta cuándo?

Un delantero titular es, para bien o para mal, el protagonista de cualquier equipo. Incluso, muchas veces, más que el propio entrenador. Es el hombre sobre el que los apostadores depositan la fe (y el dinero). Es la esperanza de gol. El salvador o el culpable. El héroe o el villano. Puede hacer mucho más que anotar -habilitar, jalar marca o participar en la creación-, pero al hincha, ese que no entiende de rachas, no le importa eso. El hincha quiere que anote. Y el problema es que, en la Selección Peruana, la ‘Pulga’ no lo hace. Y ese mismo hincha es el que se pregunta hasta cuándo hay que esperarlo.

La bicolor jugó 14 partidos este año. Raúl arrancó en seis. Todos amistosos. En el primero, ante Islandia, anotó. En los últimos cinco, en cambio, el arco no se le abrió. Tuvo buenos movimientos tácticos, generó ocasiones de gol (en el gol de Flores a Costa Rica dio el pase previo a la asistencia) y remató ocho veces, pero el arco no se le abrió. Lo importante, sin hacer análisis, no se dio. Dejándose llevar por esa estadística, es normal la crítica. Sin embargo, entre reprochar su efectividad y afirmar que se le acabó el crédito, hay una distancia bastante grande.

 

Las comparaciones son odiosas (e innecesarias)

Ruidíaz no compite con los números de Guerrero, pero, sin poner en discusión su olfato goleador, el ‘Depredador’ nunca tuvo la presión de reemplazar a un ‘irremplazable’. Además, no se les puede comparar. Tienen distintos estilos de juego. Mientras Raúl aprovecha su estatura para desequilibrar por abajo y participar de la creación de jugadas, Paolo usa su fuerza para aguantar, jugar de espaldas al arco y esperar el pase, como un típico ‘9’ de área.

Ruidíaz no compite, tampoco, con la jerarquía de Farfán (el mejor jugador de Perú en los últimos años), pero no tiene cómo ni por qué. ‘Jeffry’, con siete años más de experiencia en la bicolor (lleva 14), es el principal referente del plantel. No en vano lleva 90 encuentros y es nuestro capitán y goleador en las cuatro Eliminatorias que jugó. Para contrastar, cuatro es también el número de partidos oficiales en los que el atacante de la MLS arrancó con la ‘sele’, desde su debut en 2011. En total, incluyendo amistosos, son 13.

Si Ricardo Gareca aún confía en la ‘Pulga’ es porque, a diferencia del hincha, él sí sabe de rachas. De buenas y malas. Y lo sabe no solo porque es entrenador, sino porque, como jugador, también fue delantero. Sabe que la presión juega en contra. Además, si, como dice en conferencias de prensa, se deja llevar por la continuidad y nivel en clubes, es, después de Paolo y la ‘Foquita’, el mejor ‘9’ que tenemos. ¿Que hay otros que pueden competir por el puesto? Seguro que sí. Pero, hoy por hoy, ninguno hace en su equipo lo que Raúl sí.

 

Su rendimiento en Estados Unidos lo respalda

En el Seattle Sounders, a donde llegó en julio, lleva 13 goles en 16 partidos, cuatro más que Lodeiro, quien le saca 13 encuentros de ventaja. Su talento no entra en el debate. Su estatura tampoco. Pese a su 1.68 m., con su equipo ha ‘mojado’ superando a defensas de 1.88 m. como Doineil Henry (seleccionado de Canadá) y de 1.96 m. como Kendall Waston (seleccionado de Costa Rica, titular ante Perú).

Para anotar, Raúl debe dejar de pensar en el gol. El ‘11’ de la Selección Peruana necesita jugar como lo hace cuando no está presionado a demostrar, sin pensar en lo que se espere de él, sin ansiedad. La confianza del DT no se le acabó por cinco amistosos sin anotar. No cuando sus estadísticas indican que su relación con el arco es buena. Paciencia.

Hasta cuándo, se preguntan algunos. hasta que la mala racha –como cualquier otra- llegue a su fin. Hasta que, a sus buenas intervenciones, le sume efectividad. Porque va a pasar. Cuando deje de pensar en el gol, va a pasar. Si la gente critica, que él ignore. Si la gente compara, que no escuche. La 'Pulga' ya picará. Aún le queda crédito.