Referencial

Arbolito de manzana, solo tú sabes la vida que estoy pasando. Pichuy chanca (pájaro de patas largas) ¿por qué te levantas tan temprano sabiendo que estoy en los brazos de mi paisanita? son algunos fragmentos del huayno quechua que los pobladores del distrito de Chuiquán, provincia ancashina de Bolognesi, cantan y bailan durante la celebración de los carnavales.

El ritual del cortamonte

La fiesta se inicia el 19 de febrero. Ese día en la mañana los lugareños se dirigen al campo para comprar el árbol de capulí que usarán para la fiesta. Cada uno de ellos está valorizado en aproximadamente 300 soles.

Las mujeres y hombres lucen hermosos trajes típicos, sombreros de paja y tienen el rostro cubierto con harina de trigo, más conocida como machica. Mientras talan en árbol cantan, bailan, beben chicha de jora, juegan con talco y arrojan serpentinas y globos. Se vive toda una algarabía.

Cuentan que en la chacra sumado a este acto, los habitantes marcan a su ganado con candela, incluso le cortan las orejas a las terneras y juegan con su sangre. Esta es una costumbre para que sus animales aumenten.

El árbol de capulí es trasladado arrastras con gran entusiasmo hasta el lugar donde será plantado, claro, después de ser debidamente vestido o decorado con prendas de vestir, objetos de plástico, frutas, globos, etc.

La noche del chinguirito

El chinguirito es un trago típico de Chuquián, elaborado con hierbas del campo, manzanilla, manzana, maracuyá, polen, miel de abeja, canela, clavo de olor y alcohol.

Los pobladores celebran con chinguirito toda la noche, luego de instalado el árbol en la calle. Dicen que los mantiene despiertos y con desbordante energía. Pero no sería nada divertido sin el ritmo del pincuyo, de una orquesta o una banda de músicos.

Al día siguiente, nada mejor que recuperar fuerzas con un buen pegancaldo, elaborado a base de la menudencia del carnero, el cual es saboreado por todos los participantes.

“Arbolito de manzana”

Por la tarde, la melodía del arbolito de manzana, que es un huayno quechua de Chiquián marca el compás del tumbamonte. Los entusiastas lugareños bailan haciendo una ronda, juegan con harina de trigo en lugar de talco, cantan a voz en cuello el arbolito de manzana que es como una especie de himno en los carnavales.

Con un hachazo tras otro logran derribar el árbol, que en contados minutos se queda totalmente desnudo. En tanto, el caldo de fiesta y el locro de cuy se disponen a saciar el hambre de los danzarines que al término de ese día comienzan a recuperar sus energías para el próximo año.

Por: Yanet Reyes

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