Ciudadanos venezolanos, que desafiaron la disposición de Ecuador de presentar pasaporte para ingresar al país, emprendieron un angustiado viaje a pie y en camiones hacia Perú en medio de un intenso frío.

En la madrugada, decenas de venezolanos varados en la frontera sin pasaporte decidieron caminar en grupos para reunirse poco después, en una primera parada en las afueras de la ciudad andina de Tulcán en Ecuador, a unos 7 kilómetros de la frontera con Colombia.

En este punto, sentados en aceras con ropa abrigada y arropados con cobijas, esperaron la llegada de otros compatriotas. La mayoría llegaba caminando por la carretera Panamericana, otros recibieron la ayuda solidaria de conductores que los trasladaron hasta el punto de encuentro.

La solidaridad de un conductor

El ecuatoriano Francisco, que estaba de retorno de Ipiales (Colombia), comentó que sintió pena al ver en la mañana a una niña venezolana que descansaba en una acera. Por ello decidió ayudar no solo a esta niña sino también a otros venezolanos llevándolos en su vehículo hasta las afueras de Tulcán.

Luego volvió a la carretera para seguir ayudando a más personas. Cerca del mediodía llevaba ya once viajes de manera gratuita.

Ecuador anunció inesperadamente el pasado jueves la exigencia de pasaporte para el ingreso de ciudadanos venezolanos, lo que sorprendió a quienes habían emprendido su viaje sólo con la cédula de identidad, documento con el que podían ingresar en Ecuador hasta el viernes 17 de agosto.

El viaje hacia Perú

Tras reunirse en las afueras de Tulcán, los venezolanos emprendieron nuevamente el camino con sus mochilas al hombro y pesadas maletas, que cargan de forma individual o en parejas. Pese al tamaño y peso, varios venezolanos caminan por el filo de la carretera Panamericana y sólo se detienen para descansar.

Una fuente de los organismos de atención al refugiado cifró al menos 300 venezolanos que emprendieron la caminata por las carreteras del norte de Ecuador, donde se les aprecia en grupos de entre cinco y veinte no muy distantes unos de otros.

Por tramos arrastraban las maletas y sus rostros revelaban una desesperación tan grande que dejaban en segundo plano el daño que en algunos causaba su andar con calzado inadecuado. Aunque al inicio de la caminata entonaron el himno de su país, la mayor parte del trayecto la realizaron en silencio y con la premura de llegar a Perú, donde se exigirá el pasaporte a partir del 25 de agosto.

Agua, galletas y pan

Organismos de protección a migrantes les entregaron agua, mientras unos metros más allá, una decena de venezolanos sentados a un lado de la vía, a los pies de la escultura de una virgen, hacían una pausa de descanso, pero con la mirada puesta en los vehículos que pasaban con la esperanza de que los lleven.

Los venezolanos soportan el largo viaje con galletas o pan como alimento principal. En el grupo que salió desde la frontera, no se aprecia mujeres embarazadas ni personas de la tercera edad.

La mayoría de los caminantes son jóvenes y niños, que se encontró con la decisión ecuatoriana de exigir pasaporte en el control migratorio, que hasta el pasado viernes podían cruzar sólo con cédula de identidad.

(Con información de EFE)


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