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Henrry Iturriaga lleva cerca de 10 años trabajando como miembro de seguridad ciudadana de la Municipalidad Provincial de Arequipa. | Fuente: RPP Noticias | Fotógrafo: Cortesía

En medio de la pandemia por el nuevo coronavirus se suspendió la mayoría de las actividades sociales y económicas en todo el país; sin embargo, hay quienes nunca dejaron de trabajar: personal a cargo del funcionamiento del sistema de salud y la seguridad de nuestro entorno. Muchos de ellos tuvieron que alejarse de su familia.

Es el caso de Henrry Iturriaga, quien lleva cerca de 10 años trabajando como miembro de seguridad ciudadana de la Municipalidad Provincial de Arequipa, y hoy pasa por momentos difíciles, pues está alejado de sus seres queridos.

Patrullar las calles desde el inicio de la pandemia para controlar la inmovilización social fue muy complicado. “El saber de que una persona que había ayudado este contagiada con el nuevo coronavirus, y que pueda contagiar a mi familia, me llenaba de temor”, señaló Henrry, quien pensó en dejar su trabajo, pero era un compromiso con su país, y alguien lo tenía que hacer.

Cuenta que con el paso de los días y el incremento exponencial de casos de la COVID-19, también aumentó el miedo de un posible contagió.

“Llego a casa y me desinfecto, tengo todo un protocolo: un lugar especial donde hago muda de mi ropa, pero la infección sigue en la cabeza, ¿Y si me contagié?, entonces a veces hay temor de abrazar a tus pequeños y darle un beso a tu esposa, todo eso se ha acabado. Se ha vuelto un tanto rígida la relación entre mis hijos y yo, a veces me da miedo, que se va a hacer. Pero tengo fe, que todo va a cambiar y todo va a ser como antes”, comentó.

Henrry Iturriaga patrulla las calles desde el inicio de la pandemia para controlar la inmovilización social.
Henrry Iturriaga patrulla las calles desde el inicio de la pandemia para controlar la inmovilización social. | Fuente: RPP Noticias | Fotógrafo: Cortesía

Alejado de su familia

Henrry manifestó que por estos meses se alejó de su hijo Henry Junior (11), su hija Brissa Margarita (6) y su esposa Candy con quien lleva 18 años de casados: “Ver a nuestros hijos y esposa sin poder abrazarlos, sin duda, es una de las cosas más difíciles que nos deja la pandemia”, señaló.

Su otra familia, el cuerpo de serenazgo de la municipalidad provincial de Arequipa, pasan por la misma situación. “Aquí todos nos cuidamos entre todos, debemos tener confianza entre mis compañeros en que vamos a salir bien de todo”.

Al inicio de la pandemia tenían que controlar que las personas permanezcan en sus casas, pero también ayudaban a aquellos ciudadanos que no encontraban una movilidad, a llevarlos a sus viviendas o al hospital.

“La satisfacción de haber ayudado a quien lo necesite, y aunque a veces no lo digan, se siente con una sonrisa, eso nos hace más humanos y es lo que hacemos en el serenazgo de Arequipa”, señaló.