Cinco claves del fujimorismo, movimiento que enfrenta una de sus peores crisis

La reciente disolución del Congreso, que el fujimorismo manejaba con mayoría autoritaria, y los nuevos casos de corrupción surgidos en su seno esfumaron sus propósitos de reivindicarse en democracia tras el golpe de Estado del expresidente Alberto Fujimori en 1992.

Miembros de la bancada de Fuerza Popular en la sede del Congreso de la República. | Fuente: Congreso de la República

El fujimorismo pasa uno de sus peores momentos en sus 30 años de existencia, tres décadas donde mantiene el escenario político de Perú dividido entre fujimoristas y antifujimoristas, partidarios y detractores de este movimiento conservador salpicado de escándalos de corrupción.

La reciente disolución del Congreso, que el fujimorismo manejaba con mayoría autoritaria, y los nuevos casos de corrupción surgidos en su seno esfumaron sus propósitos de reivindicarse en democracia tras el "autogolpe" del expresidente Alberto Fujimori en 1992 que dio origen al movimiento político y la década de gobierno que siguió plagada de irregularidades y violencias.

Con Alberto y su hija Keiko en prisión, y el movimiento escindido en dos con los disidentes encabezados por Kenji, hermano menor de Keiko, estas son las claves que han caracterizado este movimiento a lo largo de los años:

1.- Culto al líder

La gran figura del fujimorismo es el expresidente Fujimori (1990-2000), que cumple una condena de 25 años de prisión por delitos de lesa humanidad y corrupción. Un polémico indulto le dio unos meses en libertad hasta que fue anulado el año pasado.

Sus acólitos lo consideran inocente y repiten como mantra que Fujimori pacificó al país y derrotó al terrorismo de Sendero Luminoso y Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), aunque en este conflicto las Fuerzas Armadas cometieron graves violaciones a los derechos humanos contra inocentes.

"En esta etapa no era un movimiento político ni intentaba ser un partido. Era una organización que se renovaba constantemente para cada campaña electoral", explicó el analista político Eduardo Dargent.

2.- Dinastía familiar y organización vertical

Como si fuese una dinastía real asiática, el fujimorismo no se concibe sin un Fujimori al mando. Con el patriarca en prisión, las riendas las tomó su hija Keiko, que fue congresista en 2006 y se quedó dos veces (2011 y 2016) a punto de ser la primera presidenta de la historia de Perú. La última de ellas por apenas 40.000 votos.

Keiko nunca aceptó la derrota y asedió con saña al Gobierno gracias a su mayoría absoluta en el Congreso, que se diluyó al entrar ella en prisión preventiva por obstruir una investigación por presunto lavado de activos en sus campañas electorales. Ahora su hermano menor Kenji puede heredar el liderazgo del fujimorismo.

"Cuando debía consolidarse, inició esa cabalgada apocalíptica contra el Gobierno. Buscan la impunidad en los casos de corrupción, en vez de moderarse y democratizarse. Felizmente (Keiko) no fue Gobierno, porque probablemente hubiese sido mucho peor", aseguró Dargent.

Carlos Tubino y otros integrantes de Fuerza Popular durante una rueda de prensa. | Fuente: Congreso de la República

3.- Derecha conservadora y confesional

En el espectro ideológico, el fujimorismo abraza los sectores más conservadores, como empresarios y evangelistas, que confluyen bajo las distintas marcas que ha tenido en su historia (Cambio 90, Nueva Mayoría, Vamos Vecinos-Sí Cumple, Perú 2000, Alianza por el Futuro, Fuerza 2011 y los actuales Fuerza Popular y Cambio 21).

"Keiko lo ha vuelto más de derechas y más conservador que con su padre. No llega a ser ultraconservador, porque tiene matices, pero ha optado por convertirse en un partido de derecha confesional, con posturas bastante duras", comentó Dargent.

Es neoliberal, adalid de las inversiones extranjeras, la flexibilidad de derechos laborales y la privatización de servicios públicos, y contrario al aborto, matrimonio y adopción homosexual e igualdad de género en la educación pública.

Como movimiento populista, en su discurso dice enfrentar a los grandes intereses económicos contrarios al pueblo, que identifica con los medios de comunicación, a los que sistemáticamente acusa de manipular en su contra.

4.- Populista

En un país donde uno de cada cinco de personas vive bajo el umbral de la pobreza, el fujimorismo tiene su principal caudal de votos entre los sectores más desfavorecidos y humildes de la sociedad peruana, según reflejan constantemente las encuestas.

A ellos se dirige frecuentemente con donaciones de productos como arroz en sus actos electorales que realiza en la periferia de Lima y en las zonas rurales más alejadas del país que todavía no cuentan con servicios básicos como electricidad o agua potable.

En su última encarnación, los líderes fujimoristas denominaban a sus reuniones de coordinación el "mototaxi", un apelativo que refería a sus raíces populares.

Sin embargo, entre sus máximos responsables son relativamente pocos los de estirpe realmente humilde y más los que cuentan con importantes negocios o relaciones empresariales.

Otros son dirigentes de iglesias evangélicas o movimientos conservadores.

5.- Corrupción

La corrupción siempre ha estado presente la historia del fujimorismo, no solo en sus líderes sino también en sus principales responsables, entre ellos Vladimiro Montesinos, exasesor y mano derecha del expresidente Fujimori que controlaba la gigantesca red que se apoderó del Estado peruano en los años 90.

Keiko también se rodeó de ayudantes con graves imputaciones como Joaquín Ramírez, investigado por la DEA de Estados Unidos por presunto narcotráfico y lavado de dinero en Estados Unidos, y a Kenji Fujimori también se le investigó por un alijo de cocaína encontrado en el almacén de una empresa que estaba a su nombre.

La relación del partido con los 'Cuellos blancos del puerto', una organización criminal de jueces y fiscales que traficaba prebendas y favores legales, ha sido clave para su caída en desgracia. 

EFE

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