Turismo Rural Comunitario: la nueva cultura turística del Perú

Este año, el Perú espera superar los cuatro millones de turistas. Sin embargo, el reto aún persiste: hacer del turismo nacional una industria sostenible y beneficiosa para anfitriones y visitantes.
El Turismo Rural Comunitario ya está presente en 16 regiones con más de 70 iniciativas. | Fuente: Mincetur

Nadie tomó en serio a Clara Meza cuando dijo que llegarían dos mil turistas a Laraos. Ni siquiera recibió el respaldo de sus padres, antiguos agricultores de este distrito en la provincia limeña de Yauyos. En Laraos viven unos mil habitantes y allá por 2012, lo usual cada año era recibir a un puñado de aventureros de fuera que buscaban la laguna de Cochapampa, y poco más. Decir que cada año recibirían dos mil turistas en Laraos sonaba, más que a sueño, a disparate.

A Juan Isuiza le pasó lo mismo. Esta vez ocurrió en Tingana, Moyobamba, que es una localidad surgida cuando se formó un aguajal en el río Mayo. Un ingeniero agrícola le dijo a Isuiza que en su terreno se podría construir un resort para que turistas de todo el mundo disfruten de la selva envolvente. Escépticos, los pobladores también rechazaron la idea.

Para que comunidades como Laraos o Tingana se conviertan en atractivos turísticos, se requeriría en principio, y a la usanza tradicional, de cómodas instalaciones y cocina gourmet. Es decir, de inversión privada. Pero ambos destinos han potenciado el concepto de cultura turística para desarrollar una estrategia atractiva a los visitantes. Y lo hicieron empleando elementos de su propia localidad.  

Todo esto se gestiona y ejecuta por miembros de la comunidad cuya actividad económica principal no es el turismo. A esto se le denomina Turismo Rural Comunitario (TRC), que además engloba toda actividad turística que se desarrolla de manera planificada y sostenible en una zona rural.

De hecho, el Ministerio de Comercio Exterior (Mincetur) cuenta con un programa especializado para dar soporte a las más de 75 iniciativas de TRC que hay en 16 regiones del Perú, brindando desde apoyo logístico hasta la creación de proyectos para conseguir financiamiento.

Para el historiador e investigador del Instituto de Estudios Peruanos (IEP) Raúl Hernández Asensio, el concepto de cultura turística da cuenta de la existencia de un turista más involucrado con el impacto que genera en el país que visita. Esta conciencia motiva al visitante a elegir opciones con mayor contacto con sus anfitriones. “Ahora el turista ya no solo se preocupa de su propio disfrute, también es consciente de cómo impacta su actividad turística”, dice Hernández.

Así, en palabras del especialista, la cultura turística es al mismo tiempo una herramienta de gestión, de marketing y de transformación social. Por lo tanto, para ser bien aprovechada se la debe incorporar a la oferta turística. En este proceso ganan importancia elementos como la amabilidad y honestidad hacia el turista, así como el cuidado y la conservación del patrimonio por parte de quienes ofrecen sus servicios.  

“Ahora nos dedicamos a la agricultura y al turismo”, afirman en Sibayo. | Fuente: Mincetur

El nuevo turismo en Coporaque y Sibayo

Un ejemplo de ello se puede observar en el Valle del Colca, en localidades como Coporaque o Sibayo, las cuales incorporan la cultura turística para ofrecen una experiencia integral al turista. En Coporaque, Jesusa Bernal (46 años) y su esposo ofrecen desayuno, almuerzo y cena a los visitantes empleando sus propias cosechas. Además, los llevan a conocer los atractivos del distrito: desde la Plaza de Armas a las aguas termales. Gracias a las capacitaciones que imparte el Estado, los coporaqueños han aprendido a comunicarse en inglés, francés o alemán con los turistas.

El Instituto Integración viajó a cuatro destinos turísticos poco explorados que son ejemplos de buenas prácticas de cultura turística. Aquí no hay una fuerte inversión económica privada, sino una apuesta de las comunidades por gestionar sus propios atractivos. Es en ejemplos como el de Coporaque donde se evidencia el potencial de una nueva forma de actividad turística.

Por ejemplo, en Sibayo, Celestino Picha (36 años) organizó cuatro comités dedicados al turismo: uno de canto y música, otro de gastronomía, uno dedicado a las labores alpaqueras y otro de turismo de aventura. “La población ha entendido que el turismo es una actividad importante, que podría ser parte de su ingreso económico a nivel de la vida social de las personas”, dice.

En el Valle Sagrado de los Incas, en Cusco, la Asociación La Tierra de los Yachaqs comparte su cultura y costumbres locales con los visitantes desde hace cinco años. En el distrito de Lamay, se puede realizar un recorrido que concluye en un cementerio inca. Allí se encuentra la planta achupalla, un insumo primordial para producir alimentos, herramientas, bolsos,  combustible e incluso medicinas.

El turismo vivencial propone una inmersión más auténtica. | Fuente: Mincetur

Condiciones para un nuevo turismo

Existen algunas condiciones para llevar a cabo de forma exitosa el TRC. En principio, la comunidad que participe debe estar conectada a la infraestructura de transporte (carreteras, aeropuertos, etc.), así como contar con servicios básicos. Una dificultad en Laraos es que la carretera que conecta con Lunahuaná la única vía de acceso, aún es de un solo carril para la ida y vuelta. Esto a pesar de ser la segunda vía terrestre más utilizada desde Huancayo a Lima.

También se debe considerar que no toda la comunidad participará como prestadores de servicios turísticos; es importante que se mantengan las principales actividades  y tradiciones del lugar. Además, el viajero valora mucho que la experiencia turística sea —o luzca— lo más auténtica posible. En la comunidad cusqueña de Janaq Chuquibamba, en medio del Valle Sagrado de los Incas, se acostumbra comer susacuro, un gusano que vive en el tronco de la achupalla. Este insecto rico en proteínas, es parte fundamental de la dieta de niños y turistas. Los platillos que se preparan a partir de este insumo exótico incluyen hasta pizzas, y resultan de especial interés para los visitantes.

Esta autenticidad implica ciertos riesgos. Por ejemplo, en muchas comunidades andinas, se acostumbra tener a los cuyes corriendo por toda la casa, o sueltos en la cocina. Para un turista extranjero o capitalino, esta costumbre puede ser considerada insalubre. De acuerdo a Hernández, la clave es encontrar un equilibrio entre la higiene y seguridad sanitarias que exigen los turistas y la autenticidad de la experiencia que se le ofrece. El peligro de este tipo de cambios y adaptaciones de la propia cultura es que se tiende a supeditar las costumbres de la comunidad ante las demandas del turista.

Por otro lado, el TRC tiene muchas oportunidades en Perú. Revaloriza el patrimonio nacional, a través de la conservación no solo de restos arqueológicos,sino, también de recursos naturales de flora y fauna. En Tingana, los campesinos han detenido la caza de animales y la tala de árboles para consumo local, privilegiando que se utilicen ambos como atractivos turísticos.

Este tipo de turismo también se beneficia de una clase media en expansión, según Jorge Chávez, coordinador de la Maestría en Ecoturismo de la Universidad Nacional Agraria La Molina. Mientras más capacidad de gasto haya en la sociedad, mayor será el crecimiento del turismo. Además, la oferta turística se diversifica, al aparecer nuevos destinos antes no promocionados. De este modo, también se beneficia al turista interno, quien ahora tiene la posibilidad de realizar viajes de menor duración.

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